En el nordeste de Segovia, a pocos kilómetros de Riaza y muy cerca de la frontera con Guadalajara, la Sierra de Ayllón esconde una de las rutas más curiosas de Castilla y León. Aquí, en apenas media hora de coche, el paisaje cambia constantemente. Hay pueblos de fachadas rojizas, otros donde casi todo es negro por la pizarra y algunos en los que la piedra toma tonos amarillos y dorados. Basta seguir la carretera SG-V-1111 para ir pasando de un color a otro entre colinas, robledales y pequeños núcleos serranos.
La explicación está en el propio terreno. Durante siglos, los vecinos construyeron sus casas con los materiales que tenían más cerca, y eso acabó dando personalidad a cada pueblo. Las arcillas y tierras ricas en hierro tiñeron de rojo lugares como Madriguera o Villacorta, la pizarra marcó la arquitectura oscura de El Muyo, Serracín o Becerril, y la cuarcita dejó sus tonos amarillos en pueblos como Alquité o Martín Muñoz de Ayllón. Parece hecho adrede, pero es simplemente la forma en la que esta parte de la sierra se ha construido durante generaciones.
Hoy, en muchos de estos pueblos escasean los habitantes y se recorren en poco tiempo, pero conservan una arquitectura tradicional muy reconocible. Hay iglesias románicas, balconadas de madera, antiguas minas, fuentes ferruginosas y calles en las que el color de las casas y el del suelo parecen el mismo. Algunos, como Madriguera, están especialmente cuidados, mientras que otros mantienen un aire más silencioso y casi detenido en el tiempo. Juntos forman una escapada diferente, perfecta para recorrer sin prisas una de las zonas menos conocidas de Segovia.








