“Gracias por quererme”, dice en su mensaje de despedida del Manchester City tras 10 años en el club y 20 títulos conquistados

Pep Guardiola abandonará este domingo el banquillo del Manchester City en el partido contra el Aston Villa, el último de la temporada, y se convertirá en un asesor-embajador del City Football Group. El técnico y el club quieren mantener un vínculo que trasciende los 20 títulos conseguidos en una década prodigiosa (2016-2026). La grada norte del estadio llevará a partir de ahora el nombre de un entrenador que seguramente también tendrá una estatua en la entrada del Etihad. A Guardiola ya se le trata de usted en la Premier, casi como a sir Alex Fergusson, la figura emblemática del United, o a Arsène Wenger, igual de considerado en el Arsenal. Los gunners han vuelto a ganar la Liga 22 años después con Mikel Arteta, exmiembro del cuerpo técnico de Guardiola, y su sustituto en el City será también un viejo conocido suyo de los tiempos del Etihad como es Enzo Maresca.

El fútbol inglés y también el europeo da vueltas hoy alrededor de un cruyffista radical como es Guardiola, que fue recibido en la Premier como un sospechoso —por no decir intruso—, con fecha de caducidad por su intervencionismo táctico, igual que en Barcelona se dudó durante un buen tiempo de Johan Cruyff. El holandés, sin embargo, ha sido curiosamente uno de los técnicos que más años estuvo en el Camp Nou (1988-1996), ocho en total, dos menos de los que Guardiola se ha sentado en el banquillo del Etihad. El barcelonismo se pregunta ahora cómo es posible que Guardiola solo estuviera cuatro temporadas en su club (2008-2012) mientras que no duró más de tres años en el Bayern (2013-2016). La respuesta es emocional, como tantas cuando se habla de Guardiola, propia de un personaje de Shakespeare como dirán sobretodo sus críticos: en un ningún sitio se ha sentido tan querido como en Mánchester y en el City.