Ocurrió en la tarde del martes, justo a la conclusión de la contrarreloj de Massa, la única de este Giro. Filippo Ganna, triunfador por aplastamiento, se sentó ante las cámaras de televisión, aún con la sonrisa en la cara, y confesó sus intenciones: “No puedo negar que la del viernes es la etapa que más ganas tengo de ganar este año”. La meta de Verbania, su casa, foto de postal a orillas del lago Maggiore, allí donde chocan los territorios del Piamonte y Lombardía, aguardaba expectante a su protegido. Pero no se dio.El gigantón del Ineos, siempre afable, siempre con tiempo para atender sus fieles, quería demostrar que no es solo una fuerza de la naturaleza contra el reloj. Pronto intentó sumarse a la pobladísima fuga del día, allí donde se coló el español Diego Pablo Sevilla, del Polti, pero el pelotón, siempre quisquilloso, no lo permitió. Asumida la realidad, buscaron las cámaras de televisión a Ganna a nueve kilómetros de meta, justo cuando otro italiano, Alberto Bettiol, ya cabalgaba en solitario hacia la victoria.El del Astana, también local, pero del corazón de la Toscana, a medio camino entre Siena y Florencia, empujaba los pedales con fuerza en el llano, ya con el lago de fondo, tras dejar atrás a otro de los grandes nombres de la escapada, el noruego Andreas Leknessund, del Uno-X, incapaz de replicar el esfuerzo de Bettiol cuando más se empinaron las rampas hacia Ungiasca, solo dos kilómetros de puerto, pero al 10% de pendiente media.Gritaba allí el público, apiñado bajo la solana en los laterales, y Bettiol, perro viejo de ojos somnolientos, le sacó las vergüenzas a su rival cuando éste ya lo daba por muerto. Lo hizo, además, en curva y por fuera, ensanchando las paredes humanas a golpe de vatios, bailoteo animoso, y Leknessund quedó evaporado bajo el bochorno primaveral.En meta, Bettiol respira, se santigua y mira al cielo, su primer triunfo en dos años después de un inicio de carrera tan prometedor —ganó el Tour de Flandes como debutante en 2019— como inabarcables fueron las posteriores expectativas. Llora de emoción Lisa, su mujer, criada en Verbania y empleada de RCS, la empresa que organiza el Giro y que cada año rivaliza, como puede, con el inmenso conglomerado de ASO (Amaury Sport Organisation), dueña del Tour, la Roubaix, la Lieja, la París-Niza y otras tantas pruebas deportivas, también fuera del ciclismo.Por detrás, el pelotón avanza plácidamente, sin ofrecer el más mínimo amago de batalla. Tregua lógica, justifican, ante la gran etapa de este sábado, salida en Aosta y meta en Pila tras cuatro cotas puntuables y más de 4200 metros de desnivel. Será la jornada, la única montañosa de la segunda semana, para corroborar si Jonas Vingegaard está o no en el punto de forma idóneo. Para ganar el Giro, y dada la oposición latente, debería valerle. Para asustar a Pogacar, necesita mostrar más cartas. Y Eulálio, mientras de rosa, observa expectante.
Alberto Bettiol rompe la sequía y los favoritos firman la última tregua en el Giro de Italia
El italiano del Astana se da un festín en Verbania, hogar de Filippo Ganna, y los hombres de la general guardan fuerzas para este sábado, día clave en Aosta










