EfeActualizado Viernes,

mayo

10:03Entre los variopintos suvenires que inundan Roma hay uno que cautiva especialmente al turista desde hace dos d�cadas: un calendario de 'curas guapos'. Sin embargo, el 'muchacho' de su portada, Giovanni Galizia, nada tiene que ver con los altares: "No fui sacerdote ni modelo", admite, visiblemente divertido."Para mi posar fue solo un juego muy gracioso pero mi vida es otra. No formo parte del mundo del espect�culo, de la moda ni de nada parecido. Tengo un trabajo y una vida absolutamente normales", revela.El entrevistado ten�a 17 a�os cuando, all� por el 2002, se cruz� con un fot�grafo, Piero Pazzi, que le propuso posar para un �lbum en el que pretend�a retratar a los 'personajes' m�s emblem�ticos del pa�s, empezando por los curas de Roma y los gondoleros en Venecia.Otro s�mbolo romanoA �l le toc� la primera opci�n. Le visti� con sotana y alzacuellos y, coloc�ndole en la iglesia del Jes�s de su Palermo (sur) natal, le pidi� que esbozara su mejor sonrisa delante del objetivo.Aquel 'click' en la c�mara gener� un sencillo retrato en blanco y negro de Galizia vestido de sacerdote cat�lico, con una media sonrisa, ojos brillantes y el flequillo algo alborotado. En la mano, un sombrero que finalmente qued� fuera de plano.La foto result� tan cautivadora que su autor la eligi� como portada de un calendario en el que cada mes muestra la imagen presuntos sacerdotes, cl�rigos o monaguillos j�venes y bellos.Desde entonces el almanaque se vende como las rosquillas y se ha convertido en un verdadero icono dentro del vasto e insospechado universo de los suvenires de Roma, con permiso de los imanes para la nevera con forma de Coliseo y otras baratijas.La verdad tras el retratoEl calendario puede verse cada d�a a las puertas de todo bazar que se precie, atrapando la intriga de muchos turistas que se preguntan si ese joven prelado con aire de Matt Damon es o fue real.El protagonista desvela enseguida el misterio: "�No! Yo no era sacerdote. El resto de modelos no se... Solo conoc� a otro chico, creo que franc�s, y tampoco lo era", asegura.Dicen que quien tuvo retuvo y, aunque hayan pasado m�s de dos d�cadas, Galizia conserva la sonrisa de aquel muchacho inmortalizado que sonr�e a�n hoy al viandante desde la portada del calendario."Espero que no uses mi imagen como ha sido utilizada aquella foto desde hace 24 a�os", ironiza al desvelar su cara en una videollamada desde la ciudad en la que reside actualmente, la norte�a Verona.Galizia afirma que, en realidad, encarnar el suvenir m�s famoso de la Ciudad Eterna no ha afectado a su vida -solo le permiti� aparecer un d�a en un programa televisivo- y ni siquiera usa esta curiosa an�cdota en las cenas con amigos."Solo fue un juego""No tiene ning�n peso para m� aunque me hace sonre�r y me halaga cada vez que se habla de ello", concede.Por otro lado sostiene que no gan� ni un euro con aquella sesi�n y que incluso renunci� por escrito a cualquier compensaci�n por derechos de imagen."No he ganado nada pero no es una cr�tica. Piero fue un encanto", asevera. �Te arrepientes? "En absoluto", zanja.Galizia ha seguido con su vida pero, casualmente, al igual que los calendarios de 'curas guapos', se dedica a viajar por el mundo como asistente de vuelo para una aerol�nea espa�ola."Nada de sensual"El recuerdo de aquella sesi�n fotogr�fica es gentil pero s� hay algo que parece irritar un poco a su protagonista: que alguien vea algo de sensual en su retrato 'sacro' y adolescente."Entiendo el contraste entre la cara bonita de un chico joven vestido de sacerdote y que ello despierte cierto imaginario algo morboso. Pero cuando todos hablan del cura 'sexy' del calendario, yo no veo absolutamente nada de sensual en esa foto", defiende.No obstante, reconoce que puede llegar a entender el "fetiche" que suscita la visi�n de un mozo con paramentos lit�rgicos frente a la idea tradicional de un monse�or vejestorio.Como es natural, en la conversaci�n surge la duda de si alguna vez fue contactado por el Vaticano, dado que el calendario de marras abunda en las inmediaciones de la Santa Sede: "Por suerte no", responde este hombre, 'condenado' a representar al cura m�s famoso de Roma... a�n sin serlo.