>LA NACION>Espectáculos>Música22 de mayo de 202606:0013 minutos de lectura'Hace 50 años que Ariel Rot vive en España, adonde su familia tuvo que emigrar en 1976 por cuestiones políticas. Y hoy es uno de los artistas argentinos más famosos en la Madre Patria. A poco de llegar a ese país, integró el grupo juvenil Tequila -el primero en el mainstream en cantar rock en español-, luego formó parte de Los Rodríguez junto a su amigo Andrés Calamaro y más tarde puso todas sus fichas en una carrera solista como cantautor que ya lleva tres décadas, cuenta con 10 discos y hits de la talla de “Vicios caros”, “La huesuda”, “Dulce mirada”, “Debajo del puente” y “Felicidad”.Si bien regresa a la Argentina cada seis meses para visitar a su padre (el cofundador del mítico diario La Opinión, Abrasha Rotenberg, que acaba de cumplir 100 años) y a su hermana (la actriz Cecilia Roth), esta vez lo hace con un motivo extra: retomar e intensificar el contacto con el público local. Con este objetivo ofrecerá tres recitales en los próximos días. El primero será este viernes 22 en Córdoba (en el Club Paraguay), el segundo, el sábado 23 en Rosario (en el Centro Cultural Güemes) y el tercero, el jueves 28 en Buenos Aires, en Niceto Club (Niceto Vega 5510). “El 70 por ciento de mis shows serán temas de mi carrera solista, pero también tocaré cuatro o cinco canciones de Los Rodríguez, con los que me siento identificado porque los compuse yo o a medias con Andrés”, adelanta a LA NACION el cantante, guitarrista, compositor y productor musical, en una charla que discurre por distintos tópicos. "Recuperé una banda de músicos argentinos con los que había tocado hace como 10 años, y aquí estamos", cuenta Ariel RotHernan Zenteno - La Nacion–¿Por qué decidiste que este era el momento de volver a tocar en la Argentina?–Es que cada vez que venía por cuestiones familiares, se enteraban que estaba y por las redes me preguntaban una y otra vez: ‘¿por qué no tocás?´. Empecé a sentir cierta presión, así que recuperé una banda de músicos argentinos con los que había tocado hace como 10 años, y aquí estamos. Hace unos meses, casi de incógnito, hicimos cuatro pequeños recitales, muy íntimos y relajados. Y como la reacción fue explosiva y quedó mucha gente afuera, ahora decidí hacer tres verdaderos conciertos de rock, con todo.–¿Tuvo también algo que ver el cumpleaños número 100 de tu padre?–Totalmente. Organicé los recitales para que coincidieran con el mes de su aniversario. La cifra que cumplía era impresionante y por nada me iba a perder semejante festejo. Fue un evento transoceánico porque nuestra familia, lamentablemente, nunca más volvió a ser la de antes: con tíos y primos, todos juntos. La primera que volvió al país fue Cecilia, en el 85, y luego lo hicieron mis padres, como hace 15 años. Al final yo me quedé solo del otro lado del océano, junto a mi mujer y mis hijos, que son todos españoles.–¿Cómo fue en su momento tu inserción en la sociedad española? ¿Fue traumática?–No, yo me integré muy fácilmente a España. Tenía sólo 16 años y mucha rabia, porque nuestro exilio no fue por elección. Así que nos habíamos ido de la Argentina con mucho miedo. En los últimos tiempos caminar por las calles de Buenos Aires se había convertido en una pesadilla. Simplemente por tener el pelo largo y ser rockero ya corría peligro. De hecho, llegué a vivir varios episodios tenebrosos en la vía pública. Me pararon, me interrogaron y me maltrataron. Todos esos momentos me quedaron marcados para siempre. Cuando llegué a España, inmediatamente respiré la libertad en las calles, dejé de estar aterrado cuando caminaba por ahí. Eran tiempos de transición democrática y la gente vivía todo el tiempo afuera de las casas. De golpe fui feliz. Tanto, que tardé diez años en regresar al país.–¿Por qué volviste en el 86?–Hubo varios motivos. Por un lado, sucedió que una compañía independiente editó aquí mi primer disco solista, Debajo del puente, y me invitó a difundirlo. Por otro lado, un año antes había regresado mi hermana y me ofreció alojarme en su departamento todo el tiempo que quisiera, lo cual me facilitó y mucho la estadía. Por suerte, me encontré con otro país. Y después, bueno, hubo otro porqué del que nunca hablé.–Te escucho...–Regresé a Buenos Aires escapándome de la heroína. Entendí que la única manera que tenía de alejarme de ella era ir a un lugar donde no existiera. En Europa, y en España en particular, hubo una epidemia de heroína que aplacó a la juventud combativa. Muchos padres perdieron a sus hijos por sobredosis o atracos. Yo me salvé y hoy lo puedo contar. Mi álbum Debajo del puente, que es muy oscuro, habla de todo eso: de las drogas y de la soledad que generan. Aquí volví a la vida, recuperé cómo relacionarme normalmente con la gente. Porque la heroína te encierra y te esclaviza. Es un horror.–¿Por qué regresaste a España en el 90?–En primer lugar porque empecé a extrañar Madrid. Y porque aquí, donde yo había empezado a tocar con Andrés Calamaro, se empezaron a cerrar las posibilidades de actuar y grabar porque estaba la hiperinflación. No se fabricaban discos y había un vacío musical. Mientras tanto, en España, todo iba de viento en popa, porque ya se estaban preparando para las Olimpíadas del 92. España se estaba convirtiendo en pasos agigantados en un país súper europeo. La diferencia de la situación entre aquí y allá era abismal y las bandas estaban muy fuertes. El rock estaba nuevamente en auge. Así que me fui nuevamente y desde entonces vivo allí.–¿Cómo es hoy tu vida en España?–Vivo en el centro de Madrid con mi mujer y mis hijos. Somos urbanos. Compagino la música con la vida de barrio, charlar con los vecinos y hacer las compras en el mercado. Mis hijos se dedican a otras cosas. Yo intenté que fueran músicos pero si no tenés ese amor y facilidad, es un sacrificio increíble. Mi mujer trabaja en una compañía discográfica.–¿En qué estado se encuentra hoy la escena musical española? ¿Qué música predomina?–El rock está en horas bajas, son pocos los artistas que viven bien de eso. Aquí en Argentina veo que hay grupos de chicos jóvenes que crean una euforia mayor."Yo fui músico antes de saber que existía una profesión que se llamaba músico", repasa Ariel RotHernan Zenteno - La Nacion–¿Siempre quisiste ser músico?–Yo fui músico antes de saber que existía una profesión que se llamaba músico. De cualquier instrumento que encontraba, me quedaba pegado. No tenía idea que de eso se podía vivir, pero tenía un magnetismo con la música impresionante. Siempre me quedaba escuchando los ensayos de mi madre en casa.–¿Heredaste el interés por la música de tu mamá, la gran Dina Rot (referente de la canción tradicional judía)?–Sin dudas. Pero también de los encuentros musicales que se armaban en el living de mi casa. En mi casa siempre hubo músicos: venían Mariano Mores, Paco Ibáñez, los que se te ocurran. Una noche vino Vinicius de Moraes y, como era tarde, no me despertaron. ¡Me quise matar! Todo esto fue en los 70. Mis padres estaban muy unidos al mundo cultural y al periodismo. Por eso en casa siempre se armaban fiestas muy lindas. Venía un tipo de España, ¿y a dónde lo traían? A mi casa, por supuesto. Para mí la mayor fiesta era ver ensayar al Cuarteto Cedrón.–¿Qué recuerdos tenés de tus comienzos en la música? ¿Es verdad que estudiaste guitarra con Claudio Gabis y que compusiste una ópera a los 10 años con Leo Sujatovich?–Yo estudiaba con (la pianista y pedagoga) Violeta de Gainza y ella nos grababa. Un día me puso una grabación de Leo y me voló la cabeza, porque con 10 u 11 años ya era un gran pianista. Yo estudiaba piano, pero tenía mayor facilidad para aprender guitarra. Cuando me junté con Leo empezamos a componer esta ópera que se llamaba Vida.–¿Vida? ¿Cómo el primer álbum de Sui Géneris? ¿En qué año fue eso?–La compusimos en el 71, antes que La Biblia de Vox Dei, que fue la gran ópera rock de esa década. Las letras eran de mi hermana Cecilia, que escribe muy bien. Era la época de las óperas-rock, de Tommy y Quadrophenia, de The Who. Supongo que por eso nos dio por hacer una ópera sobre el nacimiento, la niñez, la adolescencia, la madurez, la vejez y la muerte.–¿Y quedó algún registro de todo eso?–No lo grabamos profesionalmente, pero estaba en un grabador de cintas. Creo que ni existían los casetes todavía. Utilizamos un piano y una guitarra que había en casa. Al poco tiempo, Leo y yo empezamos a estudiar juntos con Claudio Gabis. Íbamos a su casa en el colectivo 64 hasta Barrancas de Belgrano. Claudio era un joven bohemio que nos flipaba.–Y ahí te imbuiste de lo que fue la primera etapa del rock nacional...–A tope. Iba a todos los conciertos que podía con 12 o 13 años.–¿Te dejaban a esa edad? ¿Ibas solo o te llevaban?–Íbamos solos. Iba mucho con Alejo Stivel. Nuestras madres eran artistas y desconocían bastante nuestras actividades nocturnas porque llegaban tarde de trabajar. Cuando se enteraron nos quisieron matar. Éramos quilomberos. Recuerdo perfectamente ver a Pescado Rabioso un domingo a las 12 del mediodía en un teatrito de las avenidas Santa Fe y Pueyrredón. Tengo esa música grabada en mi cabeza.Tequila, en una imagen tomada en Madrid en 1981Europa Press Archive - Europa Press-¿Tu inicio profesional en la música fue recién en España?- Sí, el inicio profesional fue en España, no acá. Aquí buscaba gente con la que tocar en el colegio o en Plaza Francia.–¿Tequila fue el primer grupo de rock en el que participaste?–Sí. Tequila es un grupo de la transición (democrática española). El primero que nos apoyó fue Moris (que también estaba exiliado en España), que nos vio y le encantamos. Así que fuimos su banda de acompañamiento por un buen tiempo. Teníamos 17 años y de repente Tequila explotó. Fuimos pioneros en poner el rock de moda en España. No el primer grupo en cantar en español, pero sí el primero que llegó al mainstream. A partir de ahí las compañías empezaron a fichar bandas que se parecieran a Tequila. España quería recuperar 40 años de oscuridad tras la muerte de Franco. Y nosotros ayudamos un poco en eso.–¿Qué balance hacés de cada una de tus ciclos profesionales, de tus participaciones en Tequila y Los Rodríguez y de las dos etapas de tu carrera solista?–Tequila fue una aventura disparatada. Ni en mis sueños más osados pensé que me pasaría eso. Yo solo quería tener un amplificador y una banda. Al año ya sonábamos en las radios y explotamos. Fue un momento glorioso e inocente. Conocí España girando por pueblos donde nunca antes había tocado un grupo de rock. Éramos niños de 17 o 18 años con éxito, guita y fama.–El documental Tequila. Sexo, drogas y rock and roll, de 2022, define a la banda como a “un grupo de excesos”. ¿Fue tan así?–Todo empezó muy naif. Éramos pibes y no le hacíamos ascos a las tentaciones que teníamos alrededor. Pero esos excesos pasaron de ser un coqueteo a adicciones fuertes. Jugábamos con fuego. Cuando se separó la banda, pagamos todas las facturas de golpe.–Esto en cuanto a Tequila. ¿Y con respecto a Los Rodríguez?–Si bien con Andrés (Calamaro) yo ya había tocado en España y luego en la Argentina, lo de Los Rodríguez fue algo bien distinto. Yo ya no era un músico de su banda. Yo pasé a ser un igual, de hecho armamos la banda los dos juntos. Y hasta pasamos codo a codo, en un palacete decadente que yo había dejado alquilado a fines de los 70. Eso nos salvó, porque en los 90 España era carísima. Hicimos vida de banda de rock y triunfamos por derecho propio, porque el grupo tenía mucha calidad.–En su momento se habló y mucho del final de Los Rodríguez. ¿Qué de todo aquello fue verdad?–No terminamos peleados. Sabíamos un año antes que nos íbamos a separar porque Andrés quería iniciar una carrera solista. Duramos un año más porque Joaquín Sabina nos ofreció hacer una gira juntos y como lo admirábamos tanto no pudimos decirle que no. Fue la gira más triste de todas, porque ya estábamos separados y entonces cada uno viajaba por su lado. La hicimos por la épica de compartir escenario con Joaquín.Los Rodríguez en Madrid, en 1993: Andrés Calamaro, Ariel Rot, Julián Infante y Germán VilellaGentileza Javier Salas/Warner Music–¿Cómo quedó la relación con Andrés Calamaro? ¿Siguen en contacto? ¿Continúan siendo amigos?–Pasó por distintas etapas, pero ahora nos queremos mucho. La relación es fraternal. Por mucho que te pelees, si hubo algo que te unió mucho, eso ya no se rompe. Hubo problemas de todo tipo: de dinero, de drogas, de faldas. De todo.–Tu hermana hace años que vive en Argentina y tu papá, desde hace un tiempo, también. ¿Soñás con volver a radicarte aquí, después de 50 años en España?–Eso ya está descartado, no me lo planteo más. Estoy muy instalado en Madrid, aunque a mis hijos les encanta venir. De hecho mi hija está pensando en hacer un (intercambio estudiantil) Erasmus de cuatro meses en Buenos Aires.–¿Cómo fue la relación con Cecilia a lo largo del tiempo y cómo es ahora?–El exilio nos unió muchísimo. Al principio, en España, compartimos mucho el mundo del cine, de ella, y el mío, de la música. Vivimos juntos en aquel piso alquilado en los 70 y cuando yo volví a Argentina en el 86, escapando de la heroína, ella me cedió un sitio en su casa. Los años que compartimos en España nos mantuvieron muy unidos. Y hoy, pese a la distancia, seguimos siendo muy compinches.-Por último: ya tenés garantizado un lugar en la historia del rock español. ¿Te gustaría ahora ganarte uno en el argentino?–Eso tiene que surgir. Si no lo tengo es porque a lo mejor no lo generé. No es mi propósito lograrlo. Ahora vengo a tocar porque me encanta, y para ver a mi padre y a mis amigos. Pero si ocurre, es porque a lo mejor me lo merezco.EntrevistasDetrás de la músicaMúsica
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