Los mercados a�n no se han percatado de la nueva tendencia de los gobiernos de acaparar y acumular reservas.Hace un par de semanas, surgi� una noticia sorprendente desde las ant�podas: el gobierno de Nueva Zelanda firm� un pacto con Singapur que garantiza que ambos pa�ses se enviar�n alimentos y combustible mutuamente en caso de una crisis de escasez global."Los �ltimos meses ha quedado demostrado que vivimos en un mundo vol�til; los neozelandeses lo comprueban cada vez que llenan el dep�sito de su coche", declar� Chris Luxon, primer ministro de Nueva Zelanda. "Por eso nos estamos movilizando en el mundo para protegernos", sentenci�.No es el �nico. Australia firm� hace poco un pacto similar con Jap�n para mantener el suministro de minerales de tierras raras, combustible y productos agr�colas para hacer frente a posibles crisis. La UE se plantea la creaci�n de reservas regionales de fertilizantes ante el temor a una crisis alimentaria. Y, como ya he escrito, gobiernos y empresas de todo el mundo est�n acumulando discretamente productos b�sicos. Podr�amos llamarlo, si se quiere, una nueva moda de acaparamiento y acumulaci�n, a medida que crecen los temores de que estemos entrando en la era de la escasez.Esto resulta ir�nico, desde un punto de vista cultural. La mayor�a de los l�deres empresariales y pol�ticos occidentales crecieron en un mundo donde la escasez parec�a un problema del pasado. El libre comercio sin fisuras y las cadenas de suministro eficientes que impulsan el crecimiento fueron los ejes centrales de la era de la globalizaci�n neoliberal. Adem�s, la opini�n generalizada en Silicon Valley hoy en d�a es que la innovaci�n tecnol�gica eliminar� las futuras limitaciones de capacidad en muchos �mbitos de nuestra vida.De hecho, cuando los escritores estadounidenses Derek Thompson y Ezra Klein publicaron el a�o pasado un reflexivo libro sobre c�mo relanzar Estados Unidos, lo titularon Abundancia con la esperanza de dar paso a ese futuro, y r�pidamente se convirti� en un �xito de ventas.Los inversores tambi�n han asimilado esta tendencia cultural. En los �ltimos dos a�os se ha producido un repunte espectacular en las acciones tecnol�gicas que pretenden utilizar innovaciones, como la IA, para facilitar esa "abundancia". Como resultado, las tecnol�gicas conocidas como las Siete Magn�ficas representan ahora alrededor del 35% del mercado S&P, en comparaci�n con el 12% de hace una d�cada.Esto es sorprendente. Pero lo que resulta doblemente destacable, como escribi� Jeff Currie de Carlyle en X, es que mientras que los servicios de informaci�n y tecnolog�a representan el 42% del S&P 500 hoy en d�a, la energ�a y los materiales representan aproximadamente el 6%, y los activos bajo gesti�n de los hedge funds de materias primas son pr�cticamente nulos.Dicho de otro modo, los inversores se han dejado deslumbrar tanto por los servicios que han pasado por alto durante mucho tiempo las acciones vinculadas a los procesos industriales y energ�ticos tradicionales. Por lo tanto, las operaciones de "activos pesados y baja obsolescencia" (o estrategias Halo) han sufrido una escasez relativa de capital, escribi� Currie.Sin embargo, este enfoque choca con la direcci�n actual de los acontecimientos mundiales y la amenaza de escasez. La crisis en torno al estrecho de Ormuz ya ha provocado escasez de energ�a e insumos industriales, y es probable que esta situaci�n empeore.La guerra de EEUU con Ir�n tambi�n ha puesto de manifiesto las vulnerabilidades a largo plazo del comercio mundial, dado que el estrecho no es el �nico punto estrat�gico de transporte del mundo e Ir�n no es el �nico pa�s que intenta utilizar estos puntos como herramienta de presi�n.Adem�s, lo que a veces pasan por alto los inversores es que los planes de inversi�n de capital de proporciones astron�micas que se est�n implementando para apoyar la IA requieren no solo cientos de miles de millones de d�lares, sino tambi�n mol�culas en forma de materiales como cobre, agua, galio, litio y hormig�n.El suministro de estos compuestos se ha visto afectado en Estados Unidos, entre otros pa�ses, por la falta de inversi�n de capital en industrias o minas clave. Y cuanto m�s levanten los pol�ticos barreras nacionalistas o proteccionistas, m�s aumentar� la presi�n para utilizar el capital en invertir en mercados locales con el fin de garantizar un acceso inmediato a las mol�culas."Esta no es una historia de disrupci�n por IA. HALO se lee mejor como Hard Assets, Local Operations (Activos Tangibles, Operaciones Locales)", escribi� Currie, que pronostica una importante revalorizaci�n a medida que los inversores pasen de los valores tecnol�gicos a las operaciones HALO. Como se�al� en X Craig Tindale, un inversor australiano: �El mundo financiero y el mundo f�sico van en direcciones opuestas, lo que est� haciendo que las viejas reglas econ�micas dejen de tener validez.Muchos analistas en Silicon Valley podr�an discrepar. De hecho, en una reciente visita a la costa oeste de Estados Unidos, me sorprendi� la confianza del sector tecnol�gico en que el mercado de valores y el boom de la IA puedan resistir la inestabilidad geopol�tica. "�Acaso a alguien le importa si el estrecho de Ormuz est� abierto?", observ� un banquero durante la conferencia Milken, que estuvo marcada por el entusiasmo ante la pr�xima salida a bolsa de SpaceX.Es probable que los historiadores del futuro concluyan que los expertos en tecnolog�a ten�an raz�n. Sin embargo, los inversores de hoy deber�an prestar atenci�n a c�mo los gobiernos, tanto en Nueva Zelanda como en otros pa�ses, est�n adoptando con inquietud una mentalidad de escasez, y preguntarse si la ponderaci�n actual del �ndice burs�til refleja realmente esta situaci�n.Al fin y al cabo, como escribi� Robert Rubin, exsecretario del Tesoro estadounidense, en Financial Times esta semana, "es probable que los mercados no est�n conectados con la realidad durante un largo periodo y luego reaccionen con rapidez y dureza". Una vez m�s, es probable que la realidad acabe cobr�ndose su venganza.� The Financial Times Limited [2026]. Todos los derechos reservados. 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