Quieto todo el mundo. Ha llegado a Cannes la reina de todas las alfombras rojas: Penélope Cruz. La actriz española, que siempre ha sido sinónimo de elegancia y saber estar, acompañó a los Javis en el preestreno de su última película, La bola negra, convirtiéndose no solo en el centro de atención, sino también en una de las protagonistas de esta 79ª edición del Festival de Cannes. Inspirada en una de las últimas obras —inacabada— de Federico García Lorca, los españoles presentaron esta cinta en La Croisette, con los directores y todo su elenco y con la que recibieron una ovación de 20 minutos, la segunda más larga de toda la historia de este festival de cine. Todos conquistaron Cannes con su talento y su estilo, cautivando tanto a fotógrafos como aficionados a la moda. Lola Dueñas, Miguel Bernardeau y Guitarricadelafuente brillaron en la alfombra roja con looks que iban desde el clásico esmoquin, a la reinterpretación del traje y a la conquista de las tendencias con un vestido plateado de flecos. Sin embargo, ha sido Penélope Cruz quién ha acabado llenando titulares por su estilo y por un buen motivo. Un vestido homenaje a la nueva era de ChanelCada vez que pisa el Festival de Cannes, la actriz triunfa con sus vestidos. Cómo olvidar el icónico diseño de Karl Lagerfeld en el 2019 con el que acudió al estreno de Dolor y Gloria, o el look del 2003, un Dior Haute Couture diseñado por John Galliano, que se convirtió en uno de sus estilismos más originales. Todos estos conjuntos han pasado a la historia y parece que este va por el mismo camino, no por su diseño —que también—, sino por lo que significa.Penélope Cruz, haciendo alarde de lo diva que es, pisó la alfombra roja con un vestido hecho a medida y en exclusiva para ella por Chanel, de la mano de Matthieu Blazy. La actriz, que es embajadora de la maison francesa desde 2018 ha sido testigo de todas las transformaciones que ha vivido la firma en los últimos años y este último look demuestra que ahora está pasando por una de sus reinvenciones más importantes.Se trata de un diseño totalmente negro, formado por un llamativo escote asimétrico decorado con una flor confeccionada a base de plumas en el hombro, que se replicaba en la cadera, precediendo a una impresionante abertura lateral que dejaba a la vista toda la pierna de la actriz.El vestido es espectacular, sin embargo, lo que más nos llama la atención es todo lo que significa, ya que es un homenaje al trabajo de Matthieu Blazy en Chanel, con elementos representativos de las tres colecciones que ha hecho hasta ahora a los mandos de la maison, convirtiéndose en una oda a su nueva era.Pero esta prenda significa mucho más que el trabajo del director creativo, es el renacimiento de la marca tras la muerte de Lagerfeld. Durante el paso de Virginie Viard, la firma optó por códigos más discretos y sencillos, en contraposición del espectáculo de el kaiser de la moda, pero Blazy ha recogido el trabajo de sus predecesores y ha incorporado sus puntos fuertes a su manera de crear, con la la teatralidad de Karl y la delicadeza de Viard, dando como resultado piezas como esta: un vestido que no renuncia al savoir faire, pero con una sensualidad arrolladora.