Hace 46 años, Estados Unidos vivió un incidente sin precedentes que cambió para siempre su historia con los volcanes. El 18 de mayo de 1980, el monte Santa Helena entró en erupción después de ser sacudido por un terremoto, provocando unas consecuencias que fueron devastadoras para toda la región
El deslizamiento de rocas y hielo, uno de los mayores registrados en la historia del país, fue seguido por una enorme explosión de vapor y gases volcánicos que se propagó a gran velocidad. Por suerte, las autoridades habían evacuado a cientos de personas semanas antes de la erupción, aunque no pudieron impedir la muerte de 57 personas.
Fue el 20 de marzo, días antes de la gran erupción, cuando se inició una notable actividad volcánica que se acompañaron de una serie de temblores justo en el flanco norte de la montaña. Estos sismos se fueron intensificando hasta que el monte empezó a emitir vapor y ceniza a través de su cráter y chimeneas. El incidente no sorprendió del todo a los expertos: el volcán ha entrado en erupción periódicamente durante los últimos 4.500 años.
Los daños de la erupción
Durante la erupción de los años 80 se liberó una energía estimada de unos 24 megatones. Para comprender la magnitud del fenómeno, los científicos suelen compararla con la potencia de las bombas atómicas: la energía liberada por el Monte Santa Helena fue equivalente a aproximadamente 1.600 bombas como la de Hiroshima.













