Scariolo lo llama “la zona Edy”. Se refiere el técnico del Real Madrid a la inmensa área de influencia, a lo ancho y a lo alto, que cubre bajo el aro Edy Tavares, el imponente pívot que desde sus 2,20m es un factor intimidador para quien pise la pintura. “Es entrar en la boca del lobo”, explica el entrenador para resaltar el vacío que deja su baja por una lesión de rodilla para la Final Four; “a nivel ofensivo, podemos buscar la manera de sustituirle. Defensivamente, lo que nos da Edy no nos lo puede dar nadie en el mundo FIBA”. El roto es mayor porque el otro gran cinco, el ucranio Alex Len (2,13m), también ha caído, en lesionado de la fascia plantar. El doble golpe ha obligado a Scariolo a un ensayo acelerado de otro estilo de juego y sitúa bajo los focos a Usman Garuba, el único cinco puro sano. Mover a Lyles al corazón de la zona es la otra carta que maneja el preparador. Después de muchas vueltas, Usman Garuba está donde quería. Con la responsabilidad sobre sus hombros. A los 24 años, el pívot madrileño ha recuperado en su segunda temporada en el Madrid tras su regreso de la NBA el motor competitivo que había perdido en Houston y Golden State. Volver a competir por ganar siempre, la mentalidad de que cada partido es una guerra, es el escenario donde más cómodo se siente Garuba. El chico se había salido de esa dinámica en una NBA que se mueve en otros parámetros. Hoy se ha reencontrado y luce esa fortaleza mental que le permite cambiar la dinámica de un partido o, como le toca ahora, ser relevante desde el primer minuto. También le ha reforzado en ese resurgir el nacimiento de su primera hija, Alana, el pasado verano: “Me ha ayudado a jugar mejor, estar más mentalizado y crecer como persona”.La paternidad y descansar físicamente le llevaron a renunciar al último Eurobasket. Era la despedida de Scariolo de la selección, el técnico que le hizo debutar con España en 2021 en el primero de sus 42 partidos internacionales. “La gente no se imagina la caña que me ha metido muchos veranos”, cuenta Garuba. Ambos se han reencontrado en la casa blanca y hoy el preparador aprecia su adrenalina para compensar en el rebote la falta de centímetros (2,03m) ante otros cincos y confía en su paso al frente pese al golpe que arrastra en la mano izquierda. “Hay pocos jugadores con más capacidad de competir que él cuando está en máxima concentración y máxima profusión de energía. Ha crecido mucho este año y eso me enorgullece. Antes era un elemento de ruptura desde el banquillo y ahora tiene una responsabilidad superior porque no hay plan B detrás. Es un plan A sin red. Es un buen test para él y le espero”.Garuba, que jugará con la mano vendada, recoge el guante: “Tengo que dar un paso más. Entreno para esto, estoy listo. Cuando juego más, tengo más confianza y eso me quita presión. Mi mentalidad es siempre dar el cien por cien”. El pívot promedia 5,3 puntos, 2,7 rebotes y 0,7 tapones por partidos en Europa. Tavares ronda el doble: 9,6 puntos, 6,6 rebotes y 1,8 tapones, líder en este apartado en la Euroliga. Anoche, en el centro de la pista del OAKA, Scariolo aleccionaba personalmente a Garuba, su plan A.