México prepara el aperitivo mundialista, alejado paradójicamente del fútbol, centrado en la relación con uno de sus socios en la empresa balompédica, Estados Unidos. Los movimientos de las últimas semanas han tullido al Gobierno de Claudia Sheinbaum, que ha asistido impotente al bombazo de las acusaciones en el país vecino contra funcionarios de Sinaloa, entre ellos el gobernador, Rubén Rocha, compañero de partido. La visita a México este jueves de Markwayne Mullin, secretario de Seguridad Interior del Gobierno de Donald Trump, se ha convertido en una oportunidad para resintonizar objetivos y discursos, de cara al segundo semestre del año. Sheinbaum y Mullin han iniciado la reunión poco antes de mediodía, encuentro al que han asistido, entre otros, el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, los secretarios de Defensa y Marina, y la titular de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, que ha llegado unos minutos tarde a Palacio Nacional, a bordo de una moto. La jornada de marchas y manifestaciones de este jueves en la capital ha colapsado el tráfico algo más de lo habitual. Acabada la junta, Sheinbaum ha publicado un mensaje en sus cuentas de redes sociales, en que ha dicho: “Acordamos seguir colaborando conjuntamente en el marco de respeto de nuestros países”. Por el lado estadounidense, Mullin ha llegado acompañado del embajador en México, Ronald Johnson. En el cargo desde marzo, el secretario Mullin viajaba por primera vez al país vecino, y se reunía con sus pares en suelo mexicano. Tras la reunión principal, el alto funcionario se ha quedado con los integrantes del Gabinete de Seguridad. En un comunicado que ha divulgado más tarde, la Secretaría de Relaciones Exteriores ha señalado que Mullin y el gabinete han dado “seguimiento a los principales temas de la agenda bilateral en materia de seguridad, frontera y migración”. La batería de reuniones de este jueves inaugura y cierra, de momento, la ronda de contactos de Sheinbaum con el renovado gabinete de seguridad de Trump, que desde enero ha sustituido a su fiscal general, a su jefe de seguridad interior y a su zar antidrogas. A principios de semana, la previsión es que la ronda incluyera también a esta última, Sara Carter, titular de la Oficina de la Casa Blanca para la Política de Control de Drogas, nombrada en enero. Pero Carter canceló su visita el miércoles, sin señalar una nueva fecha. La visita de Mullin parece cerrar, de momento, un mes complicado para la relación bilateral en materia de seguridad. Aunque dependen de la Fiscalía y no de Seguridad Interior, las acusaciones contra Rubén Rocha y otros nueve funcionarios y exfuncionarios del Gobierno de Sinaloa, por apoyar al crimen organizado, habían hecho saltar por los aires el relato de la cooperación entre ambos gobiernos, mantra del Ejecutivo de Sheinbaum. Previamente, la presencia de agentes de la CIA en el operativo para desmantelar un laboratorio de drogas en Chihuahua ya había abierto algunas grietas. Ese panorama se ha encontrado Mullin en las primeras semanas al frente de su ministerio. Aunque en Estados Unidos la narrativa apunta a las batallas contra la migración ilegal y México aparece como un problema ligado al tráfico de drogas, la visita del alto funcionario muestra la necesidad de rehabilitar los cauces maltratados. Sustituto de Kristi Noem, republicano de Oklahoma, la capacidad diplomática de Mullin resulta todavía un misterio. Dueño de una empresa de plomería y antiguo luchador de artes marciales mixtas, su discurso hacia el país vecino estos años desde el Senado no ha sido precisamente amable.
Sheinbaum intenta relanzar la relación con Estados Unidos recibiendo al jefe de Seguridad Interior de Trump
La presidenta mexicana se ha reunido con Markwayne Mullin, zar de seguridad del Gobierno de Trump, en plena controversia por las acusaciones contra funcionarios de Sinaloa













