PABLO R. SUANZESCorresponsal WashingtonActualizado Viernes,
mayo
00:10Hoy, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tomar� juramento a Kevin Warsh como nuevo presidente de la Reserva Federal en una ceremonia en la Casa Blanca. Aunque el precedente m�s cercano se remonta a 1987, no es algo in�dito, pero s� cargado de simbolismo despu�s de que Trump haya protagonizado la mayor campa�a de presi�n y acoso en la historia de la instituci�n para intentar, en vano, forzar la salida de Jerome Powell.Warsh, de 56 a�os, se convertir� en el und�cimo presidente de la Reserva Federal y en la persona m�s rica que jam�s haya ocupado el cargo. Tambi�n es quien llega m�s se�alado y cuestionado, no por sus credenciales, sino por el temor a que sea "una marioneta" del presidente, que dej� muy claro antes de decantarse por �l que cualquier aspirante a dirigir el banco central ten�a que estar firmemente convencido de la necesidad —casi de la obligaci�n— de bajar los tipos de inter�s lo antes posible.En otro momento, Warsh, que fue gobernador de la instituci�n entre 2006 y 2011, podr�a haber sido una elecci�n cl�sica, nada transgresora. Un republicano de manual, con experiencia, muchos contactos en los mercados y la pol�tica, y con ideas m�s bien ortodoxas sobre la necesidad de controlar el gasto y aplicar pol�ticas monetarias y fiscales restrictivas. Al menos sobre el papel. Lleva d�cadas movi�ndose entre el establishment financiero, el Congreso y los c�rculos de poder de Nueva York, dando charlas, discursos y entrevistas, y fue una de las opciones que Trump ya baraj� en 2017.Se curti� en Morgan Stanley, de la mano de Stanley Druckenmiller, uno de los grandes inversores de esta era. Un perfil formalmente impecable, pero que ha sido incapaz de disipar las dudas sobre hasta d�nde llegar� su independencia, su integridad y su capacidad de resistencia frente a Trump. Que durante su �ltima audiencia en el Senado Warsh fuera incapaz de responder claramente a la pregunta de qui�n gan� las elecciones de 2020 —el test definitivo estos d�as en la pol�tica estadounidense— resulta revelador.Warsh fue asesor econ�mico de George W. Bush y entr� muy joven en la Reserva Federal. All� se labr� fama de operador pol�tico, m�s c�modo en las negociaciones y los despachos que en los grandes debates acad�micos, aunque desde su salida lo que m�s ha hecho es precisamente participar en esas discusiones. En el entorno del presidente creen que Warsh combina varias virtudes clave: pedigree ideol�gico, experiencia en la instituci�n y una visi�n claramente favorable a la desregulaci�n financiera. Adem�s, para sorpresa de muchos, ahora parece estar completamente convencido de la necesidad de bajar los tipos de inter�s, a pesar de una situaci�n econ�mica que lo hace pr�cticamente imposible, con una inflaci�n que en el �ltimo dato alcanz� el 3,8 %.Warsh, que al igual que Powell no es economista sino abogado, se ha caracterizado durante su carrera por ser un halc�n: alguien m�s preocupado por que los est�mulos del banco central puedan desencadenar un ciclo inflacionario que por las consecuencias de no hacer nada, incluso en momentos tan dram�ticos como la crisis financiera de 2008. En Washington tambi�n recuerdan que, tras dejar la Fed, pas� a�os criticando al banco central por mantener pol�ticas demasiado expansivas, solo para modular despu�s sus posiciones en funci�n del clima pol�tico dentro del trumpismo, algo que recuerda al mandato de uno de sus predecesores, Arthur Burns, pleg�ndose a los deseos de Richard Nixon.Warsh llega con una agenda reformista, casi revolucionaria —aunque �l insiste en que es justo lo contrario: una agenda para devolver a la instituci�n a lo que una vez fue— en la que los tipos de inter�s son lo m�s visible e importante, pero no lo �nico, teniendo en cuenta adem�s que las decisiones se toman por votaci�n y mayor�a. Tambi�n quiere cambiar la posici�n de la Fed sobre las criptomonedas, reducir su enorme balance —siete veces superior al nivel que ten�a en 2007— y modificar la pol�tica de comunicaci�n, reduciendo el n�mero de intervenciones p�blicas y comparecencias. Y reescribir los acuerdos con el Tesoro que, a mediados del siglo pasado, dieron a la instituci�n la independencia actual.Su primer desaf�o ser� ganarse la confianza de sus colegas. El presidente es la cara principal de la instituci�n, dirige al personal y establece la agenda en cada reuni�n del Comit� Federal de Mercado Abierto, pero solo tiene uno de los doce votos. Warsh cree que la Fed lleva a�os equivocada con modelos que sostienen que un crecimiento fuerte y un mayor empleo, con m�s presi�n salarial, son inevitablemente inflacionistas. Para �l, como para las escuelas liberales, la inflaci�n es sobre todo producto del gasto p�blico excesivo y de las expansiones del balance de la Fed, no del crecimiento de los ingresos. Igualmente, su tesis de que la inteligencia artificial y la reducci�n del balance de la Fed ser�n suficientes para controlar la inflaci�n y permitir�n bajar los tipos no tiene muchos partidarios dentro de la instituci�n.Para ejercer un verdadero poder y dejar huella, no solo tendr� que plantar cara a la Casa Blanca, sino tambi�n ganarse el respeto y formar mayor�as, algo complicado tras sus cr�ticas constantes durante estos a�os y expresiones como la necesidad de un "cambio de r�gimen". Tiene ideas, una hoja de ruta y mandato. Queda por ver si tendr� tambi�n la personalidad necesaria.











