La Gran Pirámide de Keops ha resistido el impacto de numerosos terremotos durante más de 4.600 años sin sufrir daños estructurales graves. El mayor evento del registro, con una magnitud de 6,8, ocurrió a unos 70 km de Giza en 1847. El más reciente, un seísmo de magnitud 5,8, ocurrió en 1992 y desprendió varias piedras de revestimiento superior de las pirámides. ¿Qué las hizo tan resistente a las sacudidas sísmicas?

Para resolver esta incógnita, un equipo de investigadores, liderado por Asem Salama, ha realizado una serie de mediciones en 37 puntos de la Gran Pirámide, incluyendo sus cámaras internas, los bloques de construcción y el suelo circundante. La conclusión, que se publica este jueves en la revista Scientific Reports, es que la excepcional homogeneidad dinámica de la pirámide actúa como un escudo protector al evitar el peligroso efecto de resonancia. Y que la pirámide tiene una serie de espacios de descarga que aumentan la estabilidad y reducen drásticamente el riesgo de daños estructurales.

Los datos demostraron que casi toda la estructura vibra al unísono con una frecuencia fundamental promedio de unos 2,3 Hz, lo que indica un diseño sumamente equilibrado y rígido. Además, esta frecuencia es drásticamente diferente a la del suelo circundante (0,6 Hz), y es esa asimetría la que impide que la pirámide y el suelo amplifiquen mutuamente las ondas sísmicas. Curiosamente, las mediciones revelaron que el túnel excavado a la fuerza siglos después por los trabajadores del califa Al-Mamún vibra a una frecuencia anómala (entre 1,3 y 1,4 Hz). Esto demuestra que la estructura original era dinámicamente sólida hasta que una intervención humana forzada alteró su comportamiento en esa zona específica.