Aristóteles decía que todos estamos de acuerdo en que buscamos la felicidad, pero luego diferimos en cómo alcanzarla, sobre qué medidas tomar para que nuestra vida y las de los demás sean mejores. Además, en Ética a Nicómaco dice que no hay tampoco acuerdo en qué significa la felicidad para cada uno. En el peronismo empieza a haber un acuerdo en qué sería la felicidad, pero todavía parece no haber ninguna idea en cómo alcanzarla y aún menos en quién sería el encargado de conducir ese proceso. Hay un avance en el qué porque es difícil encontrar peronistas que defiendan la emisión monetaria como solución a las demandas sociales y hay una revalorización del equilibrio fiscal. Más o menos, todos coinciden en que hay que intentar tener un programa de desarrollo industrial con sensibilidad social y equilibrio fiscal, lo dicen todos. Esto es una suerte de intento de síntesis superadora entre la última experiencia peronista del Frente de Todos y el gobierno de Javier Milei. Ahora, no hay muchas ideas o definiciones claras sobre cómo hacerlo. Esto es importante porque probablemente gran parte de lo novedoso de la campaña de Javier Milei que lo terminó llevando a la presidencia fue que efectivamente habló del cómo, la dolarización y el cierre del Banco Central. Luego todo fue mentira, pero gran parte de la sociedad vio que había un cómo resolver los problemas.