Hay camisetas que pesan por historia… y otras que arden por obligación. La de Brasil es ambas cosas. La Verdeamarela, el Scratch du Oro, la Canarinha, la Seleção: llámela como quiera, pero entienda lo esencial: Brasil nunca viaja a una Copa del Mundo solo para participar. Viaja para reinar.

Y hoy, con el Mundial 2026 en Norteamerica en el horizonte —en Estados Unidos, donde levantó su cuarto título en 1994—, el gigante sudamericano vuelve a mirar a todos desde esa mezcla de orgullo y urgencia que solo conoce el pentacampeón.

En este escenario, con Carlo Ancelotti como estratega y una lista de 26 elegidos para la gran cita, Brasil se presenta con una misión clara: buscar el hexacampeonato y cortar una sequía que ya se siente demasiado larga para el paladar más ganador del planeta futbol.

Porque sí, Brasil es el máximo campeón, con cinco Copas del Mundo en su vitrina, y ese dato no es un adorno: es una identidad, una presión constante, un espejo que exige grandeza en cada generación.

La historia manda: el pentacampeón quiere volver a su trono