Se autoproclama la “princesa de España”, se hace llamar “Rebequita la Bonita” y supone una de las voces más insólitas del pop contemporáneo del país. Rebeca Díaz (Madrid, 1998), conocida artísticamente como Rebe, es la muestra de que la música puede tornarse extraordinariamente impredecible si se siguen los derroteros correctos. Al menos, quien la entienda como un espectro que va mucho más allá del sonido. Para prueba, el último disco de la artista, que prefirió publicar en forma de muñeca de trapo en lugar de en vinilo.
Hasta 250 muñecas cosidas a mano dieron vida física a Es que acaso no me oyes??, el segundo álbum de la cantante. Rebe decidió esquivar las lógicas tradicionales del vinilo o del CD y metió en el corazón de estos juguetes un dispositivo de sonido que, al ser presionado, emitía fragmentos melódicos del disco. Se trata de un ejemplo de la anomalía que representa a la artista dentro de una industria musical que ella describe como “cutre” y que está cada vez más obsesionada por lo digital y los números de streaming.
Detrás de su proyecto no hay grandes productores ni altos presupuestos: todo nace y se graba en su propia habitación. Su forma de crear desafía, además, cualquier método convencional: Rebe no sabe tocar ningún instrumento y todo lo que hace es fruto de su propia intuición. Una intuición que dejará fluir este jueves 21 de mayo en la Sala Villanos de Madrid. El concierto, que también se encarga de organizar ella —desde la iluminación hasta la propia escenografía—, la llevará a seguir rompiendo las normas encima del escenario antes del lanzamiento de su tercer disco.









