En esta columna uso los datos publicados por Petroperú en el documento “Estados Financieros Intermedios de Petroperú al 30 de Setiembre del 2025” (https://inversionistas.petroperu.com.pe/wp-content/uploads/2025/11/estados-financieros-2025-iii-trimestre.pdf). Este documento no está auditado, pero le daremos el beneficio de la duda y lo tomaremos como íntegramente válido. Esta información la usaré para discutir, en forma sencilla, la situación financiera de Petroperú. Cuando me refiera a una cifra, citaré la página del documento en que esta se puede hallar. De setiembre a hoy, la situación ciertamente ha empeorado, pero nos ilustra la magnitud del problema. Dadas las noticias de los últimos días, parece ser que el Estado peruano finalmente quiere encontrar una salida al hasta ahora incontrolable desangre de Petroperú. Digo “parece” porque ya en el 2024 estuvimos en una situación parecida y, cuando ya se había decidido un plan de reestructuración —que no involucraba una privatización—, la presidenta de entonces, Dina Boluarte, se echó para atrás, forzando la renuncia del directorio de Petroperú. Lo realmente catastrófico fue que Boluarte nombró un nuevo directorio y este a un nuevo gerente general pero, ¡oh sorpresa!, se nombró a quienes participaron en causar el desastre. ¿Qué hizo la gestión apoyada por Boluarte? Primero, rápidamente desecharon el plan de reestructuración, pero sí aceptaron el salvavidas de 2.000 millones de dólares que el Estado les dio a condición de que pusieran en marcha el plan de reestructuración (ver página 4 del documento). Se encargaron de que nada cambiara y continuó la hemorragia mientras mentían descaradamente a la opinión pública, asegurando que la nueva refinería estaba operando a plena capacidad y que ahora sí daría grandes utilidades por los “altos márgenes” de la nueva unidad. Nada de esto era verdad: Petroperú perdía plata a mares y operaba muy por debajo de su capacidad. Mientras tanto, se procedió a una “reparación” hecha para “pichicatear” la refinería, lo que horrorizó a los proveedores del equipo, que pidieron que no se hiciera, tanto por el inminente riesgo para los trabajadores como por el riesgo para el equipo. Efectivamente, la refinería se incendió el 5 de noviembre del 2025 y se dañó equipo crítico, con lo cual la refinería viene operando a una capacidad aún menor. En el tiempo de la administración desastrosa, Petroperú se ha endeudado además en por lo menos otros 1.000 millones de dólares con instituciones financieras (ver página 4 también), llegando su deuda financiera, a setiembre último, a 6.400 millones de dólares (página 1). ¿Cómo pagará esta deuda? Para que una empresa pueda pagar por lo menos los intereses de su deuda, tiene que generar ventas que sean mayores a sus costos. Pero Petroperú arrojó pérdidas operativas por 150 millones de dólares y además tenía que pagar 250 millones de dólares de intereses por su deuda (página 2) a setiembre del 2025. Anualizando estas cifras, nos da 200 millones de dólares de pérdida operativa y 330 millones de dólares de pago de intereses. ¿Adivinen quién va a cubrir esas pérdidas? ¡Los peruanos con nuestros impuestos! Y seguiremos pagando hasta que no mejore sustancialmente la situación de la empresa. ¿Cómo se gestó este desastre? Se debió básicamente a dos cosas: una muy mala inversión en una refinería nueva y muchos años de mala administración, incluyendo un trato muy favorable hacia sus trabajadores. Veamos. Lo que comenzó como un plan de mejora de la refinería de Talara, que disminuiría el contenido de azufre —y, por lo tanto, la contaminación— del combustible y que se estimó costaría aproximadamente 1.300 millones de dólares, se fue convirtiendo en una nueva —y mal planeada— refinería que, entre torpezas y robos, llegó a 6.500 millones de dólares. Estando la empresa en una crisis en la cual la prensa reporta que Petroperú no está pagando a sus proveedores —en algunos casos hace tres o cuatro meses—, la empresa debe por lo menos hacer esfuerzos de austeridad, tales como deshacerse de los numerosos activos improductivos. La flamante administración debe demostrar, como parece que lo está haciendo, que antes de seguir pidiendo plata para que pueda continuar operando, la empresa está haciendo los recortes de gastos cruciales para tomar una nueva y sostenible dirección. Estos esfuerzos son indispensables para que la empresa continúe, independientemente del fin que se persiga en el largo plazo. No se trata de privatizar o no, sino de convertirla en una empresa razonablemente manejada y, por lo tanto, viable. Pienso que Petroperú en manos del Estado no es una buena idea, no por ideología, sino porque todo lo que ella hace puede ser hecho por empresas privadas, mientras que los 24.000 millones de soles que el Instituto Peruano de Economía calcula que el Estado peruano ha transferido a Petroperú en los últimos 12 años podrían tener un mucho mejor uso en salud, educación o infraestructura. Una empresa estatal, además, está siempre sujeta a presiones políticas y a favoritismos, porque cuando todos son dueños de algo, usualmente quiere decir, en la práctica, que no hay dueño. Es un argumento práctico, nada más. En todo caso, la nueva Petroperú tiene que reducir costos y reducir su deuda. Si fuera una empresa privada sería sencillo: pasaría a una situación concursal y que los acreedores decidan si es mejor que la empresa siga operando o se liquide. Esto obviamente no es realista para Petroperú. ProInversión, que dentro del Estado peruano es la unidad más capacitada, ha recibido el encargo de diseñar una estrategia para recuperar la empresa. Esto no será sencillo y tomará algún tiempo. Hay que dejar que ProInversión, con la ayuda de especialistas, decida un tema tan complejo. Probablemente lo mejor sea formar algunos paquetes de activos y pensar en soluciones distintas para cada uno de ellos. Pensar que la parte más importante se pueda privatizar es absurdo: nadie considerará tomar la empresa en su situación actual. En cambio, suena razonable vender los activos improductivos, lo cual será solo un gesto en vista del tamaño del problema. Pero sería una primera señal de que se está pensando en serio y en algo ayudaría. La refinería de Talara es la parte más valiosa de Petroperú. Debemos ser capaces de encontrar la mejor manera de convertirla en una empresa bien manejada y autosostenible. Para hacerlo necesitamos de la participación de especialistas privados. Ya a la larga se podrá discutir qué destino tendrá la empresa. Hoy, con una nueva refinería que, comparada con la antigua, tiene 20 veces más reactores y columnas, 10 veces más instrumentos y consumo de energía y 5 veces más unidades procesadoras y equipo rotatorio, necesitaremos mucho trabajo y expertos para sacarle el mejor provecho posible. Ojalá así sea.