Pedro Almodóvar regresó a Cannes, y Cannes lo recibió como a una leyenda. El director español había cambiado con sus últimas películas el certamen francés por Venecia, donde logró el León de Oro con La habitación de al lado. Pero con Amarga navidad, su último título ya estrenado en España y con la vista puesta en su lanzamiento en Francia y el resto de Europa, volvióa casa. Allí se convirtió en un icono del cine. El comentario en la Croisette es el de siempre: ¿cómo es posible que Almodóvar no tenga una Palma de Oro? Lo vuelve a intentar con una película de guion endemoniado, inteligente y brillante sobre la vampirización de los creadores.

Almodóvar, que llevaba puesta una chapa en apoyo a Palestina, entró en la sala de prensa tras el caluroso recibimiento en la primera proyección en el teatro Lumiére, donde la gente aplaudió cuando su nombre salió en pantalla y donde lo recibió con una calurosa ovación, al igual que el argentino Leonardo Sbaraglia y la española Aitana Sánchez Gijón, los protagonistas. La misma que la sala le dedicó cuando, como suele hacer, habló abiertamente sobre el momento actual y el deber de la cultura ante acciones de censura en EE.UU. y en Francia, donde Canal+ amenazó con no financiar las películas con personas que firmaron un manifiesto que alertaba de una “toma de control fascista” en el cine por parte de su dueño.