Que Lydia Lozano (Madrid, 1960) baila el ‘chuminero’ cuando le sale de las narices no es ningún secreto: lo dice ella misma. Que no le pide explicaciones a nadie, tampoco. La avala, también, una trayectoria. Desde Tómbola hasta el cortijo de Sálvame, la historia de la periodista es la de una vocación incombustible que nació en las ondas de Radio Nacional de España y se consagró en el directo más delirante de la televisión. Licenciada por la Universidad Complutense, donde compartió aulas con Pedro Piqueras, Lozano ha hecho de la prensa del corazón su hábitat natural, defendiéndola siempre con el orgullo de quien se ha tirado a las calles persiguiendo la noticia. Tras su paso por Netflix con Sálvese quien pueda y su debut literario con La venganza de la llorona, la actual colaboradora de ¡De viernes! demuestra que el paso del tiempo no ha mermado un ápice de esa audacia con la que arrancó en la profesión.Su energía legendaria contrasta con los baches de salud que ha tenido que sortear últimamente. Operada varias veces de la espalda y diagnosticada de artritis reumatoide, su verdadera batalla actual se libra en casa junto a su marido, el arquitecto Carlos García-San Miguel, ‘Charly’, con quien lleva más de tres décadas casada, y que se ha visto afectado por una bacteria. Una situación delicada que Lozano afronta con entereza y sin perder su característico pulso vital, encontrando en los platós su mejor terapia. “Ir a trabajar a ¡De viernes! es como una inyección para toda la semana”, confiesa con naturalidad y negada a ponerse corazas ante el público. La colaboradora asume sus lágrimas no como un defecto, sino como una muestra de respeto a su audiencia. “Llorar magnifica a la persona, te ayuda. Te ven real, te acerca al público y ven que no estás haciendo un papel”.Presumida declarada, amante de sus rutinas de belleza y defensora a ultranza de la naturalidad frente al exceso de retoques estéticos que impera en las nuevas generaciones, Lydia Lozano mira al futuro con el contador de la jubilación completamente a cero. Para ella, el reloj biológico es solo una cuestión de actitud y el retiro no es una opción mientras la curiosidad siga intacta. Coqueta, incombustible y fiel a sus principios, tiene muy claro cuál será el verdadero detonante para alejarse de los focos. Una fecha que, desde luego, no parece estar en su horizonte cercano. “¿Sabes cuándo me jubilaría yo? El día que diga: ‘Qué pereza hablar de Fulanita’. Ese día, por supuesto, no ha llegado”.Empezó en una época donde ser mujer y periodista del corazón requería de una audacia especial. ¿Qué queda en su mirada de la Lydia que se metió en la consulta del ginecólogo de Isabel Preysler para conseguir una exclusiva?Sigo siendo la misma. Los que realmente me conocen ven que yo no he cambiado ni me ha afectado la tele. Si ahora ¡De viernes! me dice “oye, te tienes que ir a investigar”, haría lo mismo. Iría de cabeza. ¿Para qué seguir en ello si me avergüenza algo que hice en el pasado?Fue compañera de facultad de Pedro Piqueras. Si se encuentra ahora con él, ¿sentiría que han habitado dos mundos paralelos? ¿O el periodismo siempre ha sido un oficio de contar vidas?El mundo del corazón se ha denostado, pero siempre he dicho lo mismo. ¿Por qué me apetece comprar un periódico los sábados? Porque en La Vanguardia también tenéis gente que habla de corazón. La hay en todos sitios. Carmen Rigalt daba las mejores crónicas de corazón en la contraportada de un periódico. Todo el mundo se leía sus crónicas de Marbella en los veranos. A Piqueras también le gustan los cotilleos.Su infancia tiene raíces canarias en la isla de La Palma. ¿Qué recuerdos de la niñez le sirven de refugio?Tengo en casa las cenizas de mi madre, que era de El Paso, en La Palma. Fíjate si estoy pegada a una palmera. Recuerdo a mi familia, a mi tía, a mi tío o a mis primos, que organizan una comida a la que yo nunca puedo ir. Sigo teniendo contacto con todos mis primos, que creo que son cincuenta y pico. Todos ya tienen hijos o son abuelos. Pero mantengo contacto con toda mi familia, empezando por mi hermana, que es de La Palma también.Lee tambiénY de la época dorada de las exclusivas y los grandes cachés, ¿siente nostalgia?Es que era un periodismo donde no había casi reuniones. No sabías a qué iba cada invitado y todo era más imprevisible. En Tómbola no había previas y las reuniones duraban cinco minutos. Me encantaba porque nadie iba con pinganillo y Ximo Rovira, que es maravilloso, lidiaba con nosotros. Decía: “Cállate, ¡déjame entrevistar!”. Siguen colgando vídeos en YouTube y la gente se los ve.Entiendo que no le seduce la inmediatez tecnológica de hoy en día.¿Sabes lo que pasa? Que a mí me gusta mucho la improvisación. Me gusta mucho el puro directo. Ahora los personajes ya vienen muy maleados. Pasó con el primer Gran Hermano, con cuotas de pantalla de un 50% o 60% de audiencia. Los primeros programas se pueden imitar, pero no son lo mismo. Se pierde el factor sorpresa. También cambió mucho todo cuando los famosos empezaron con las demandas. A cadenas, a productoras, al periodista. Antes nadie demandaba a nadie, pero se pusieron en plan americanos.Llorar magnifica a la persona, te ayuda; te ven real, te acerca al público y ven que no estás haciendo un papelLydia Lozano¿Qué era lo que más le gustaba hacer cuando empezó en el periodismo?He disfrutado mucho haciendo calle y haciendo guardias. Es duro, pero se aprende muchísimo. Sacar la grabadora, hacer pis en un árbol, ir a por el bocata, ver que sale el personaje y no poderte mover, fumarte un cartón…Pasan los años y termina en un formato como Sálvame. En 2024 publica La venganza de la llorona, un libro en el que reivindica ese rasgo que en el programa se usó para atacarla muchas veces. ¿Le ha enseñado la edad que llorar no es una debilidad?Por supuesto. El otro día vi a alguien llorando en los informativos y dije: “¡Pero qué maravilla!”. Llorar magnifica a la persona, te ayuda. Te ven real, te acerca al público y ven que no estás haciendo un papel. A mí me decían: “Ya está llorando la víctima”. Todas las veces que he llorado ha sido porque lo sentía y porque decía: “Si yo digo en este momento lo que pienso y lo que sé, mi madre me deja sin herencia”. En la vida lo hice. No era una víctima, era por educación.Que haya mantenido la emoción a flor de piel contrasta con la idea de que los años nos vuelven más curtidos o cínicos. En su caso, ¿es por qué no sabe ponerse una coraza?No, no. No la sé poner y hubiese cambiado si me la hubiera puesto. Pero es que yo creo que el espectador no tiene que ver a un gladiador; tiene que ver al que va dentro y se mete como un león en la arena.La periodista sigue activa a sus 65 años. Sergio R. Moreno (GTRES)Su madre, Sol, también fue una mujer muy longeva.Sí, como buena canaria.¿Hay alguna variación en la percepción del reloj biológico cuando se pierde a una figura que nos une con nuestra propia infancia?En mi caso, ninguna. A mi madre le gustaría que yo no hubiera parado, que fuese fuerte y que siga siendo la misma. Siempre me decía: “Lydia, no cambies”. ¿Para qué voy a parar? A mí lo que me gusta es tener un horario y estar pendiente de lo que se dice por las tardes en los programas. Me encanta el corazón. ¿Sabes cuándo me jubilaría yo? El día que diga: “Qué pereza hablar de Fulanita”. Ese día, por supuesto, no ha llegado.Su energía es legendaria. ¿De dónde sale el ímpetu para seguir bailando el ‘chuminero’ o celebrar una fiesta con la misma ilusión que hace 30 años?Después de todo lo que le ha pasado a Charly por una bacteria, y que todavía no puede andar… le digo que ir a trabajar a ¡De viernes! es como una inyección para toda la semana. Volver a estar con las maquilladoras, las peluqueras, los de producción, las azafatas, tener reunión. Todo eso me da la vida para mantenerme toda la semana. Siempre llego con alegría a Telecinco y en peluquería y maquillaje me ponen a Barry White para que baile. Me pongo a bailar como una loca y entonces aplauden.Hace dos años tuvo que retirarse de Baila como puedas por una lesión.En ese programa, el que tenía que ganar era el bailarín y yo era la mayor de todo el equipo. Vachiano, mi bailarín, era muy bueno. Yo decía: “Dios mío, ¿cómo le voy a fastidiar a este chico, que se merece el premio y está con una impedida?”. De la espalda yo no estoy bien, pero cuando grabábamos yo pedía más y más vueltas. Me partí dos vértebras.Cuando se es tan activa, ¿cómo se digiere que el cuerpo frene aunque la mente quiera seguir?Es que he frenado tan poco. Me operaron de las cervicales y fui a trabajar a la semana. Luego me operaron tres veces más de la espalda y volví. Otra vez hice ‘aquaplaning’ en Sálvame con Kiko Matamoros, que me tiró agua y me resbalé. Grité como un cerdo en una matanza. Me sacaron en ambulancia por la ventana de Telecinco y fue un escándalo. A la semana volví con tacones. De estar en casa, ver los programas y decir “ahora estaría diciendo esto”, se me iban las cervicales de sitio.Lee tambiénRecientemente también se abrió sobre su artritis remautoide, una enfermedad crónica y dolorosa. ¿Cómo la vive?Muy bien, con un médico estupendo, mi dosis de cortisona y mis pastillas. Por las mañanas me levanto un poco robótica y no puedo coger la silla de ruedas de Charly. He perdido mucha fuerza en las manos, pero se puede. Hago muchos ejercicios, pero sobre todo es que tu coco te diga: “¿Se te va a caer una copa en una cena porque no la puedes coger?”. Tú puedes, es la mente.Es una mujer presumida. ¿Cómo se lleva con el espejo?Yo de lujo. Este año he llorado mucho, entonces se me notan mucho las ojeras y se lo digo a los maquilladores. Eso se puede arreglar con un buen iluminador y ya está. Es verdad que no me miro cuando me despierto por las mañanas. Después de la ducha, me miro.Está la idea de que el mundo de la televisión es más cruel con el envejecimiento femenino. ¿Ha sentido la presión estética?Nunca. Y nunca me he pinchado, aunque me he dado INDIBA. Por las noches, cuando estoy viendo series, me doy mucha crema y me paso unas piedras de jade por la cara y las ojeras. Lo que no puedo entender es cómo gente tan joven se pincha tanto. A veces las veo en la tele, en mi casa, y el pómulo me está dando en la cara desde donde estoy sentada. Qué pena que tan jóvenes se pinchen tanto porque luego no eres tú. No sé, a lo mejor mañana me veo superarrugada y cambio de opinión, pero es que el bótox baja. Todo baja en esta vida. En mi caso, el pecho, que me operé para quitarme. Tenía mucho y era doloroso. Juan Peñas, el doctor, me dijo: “Eres la única que no quiere el pecho para arriba”. “Quiero que me corten todo”, le respondí. Me dejó un pecho estupendo.No puedo entender cómo gente tan joven se pincha tanto; lo veo en la tele y el pómulo me está dando en la cara desde donde estoy sentadaLydia LozanoAntes hablaba de Charly, su marido. Son muchos años juntos, más de 3 décadas.Siempre digo que un marido tiene que ser tu mejor amigo, tu mejor amante y tu mejor marido. Nunca hemos sido celosos. Vivir conmigo es para darle un premio. Pilar Vidal dice que somos Los amantes de Teruel, que nunca ha visto a una mujer tan pegada a su marido porque lo está pasando mal. Pero es que Charly se lo merece. Con lo que ha aguantado, que se le dijeran tantas barbaridades cuando nunca ha posado en un photocall o una revista conmigo. Si ha salido algo, es porque nos lo han robado o porque le he dicho: “Charly, no pongas mala cara, que son compañeros míos”. A veces él ha salido de casa cuando había guardia y yo le decía: “Diles que si quieren una cerveza o hacer pis, pero no pongas mala cara porque es lo que vende”. Estoy enamorada de él porque, teniendo una mujer tan popular, nunca ha dicho: “Mira, ¿por qué no?”.Junto a él, la decisión de no ser madre.Estamos encantados de no tener hijos. ¿Sabes por qué? Porque ahora veo el bullying en los colegios. Porque vas a un restaurante y las familias no hablan, están todo el rato los niños con los aparatitos. Haber criado a un hijo ahora, que hay tantos problemas, piensas: “De la que me he librado”. Y realmente no me siento menos mujer. Hay muchas mujeres que han tenido hijos para arreglar un matrimonio. Otras para no sentirse solas, de las que te dicen: “¿Quién te va a cuidar cuando seas mayor?”. ¡Pues es que hay unas residencias tan buenas!Lydia Lozano es colaboradora del programa ‘¡De Viernes’. GTRES¿Siempre lo tuvo claro?Sí, aunque Charly era muy niñero y yo lo veía con sus sobrinos. Nos hicimos un viaje de San Francisco a San Diego parando en todas las misiones y yo le decía: “Por amor lo tendría”. Cuando llegamos a San Diego, decidimos que no. No lo he tenido porque no hemos querido, no porque no hayamos podido. Cuando me dicen en televisión “¿tú qué vas a saber, que no eres madre?”, pienso en que sí que he sido hija. También tengo muchas amigas madres y he sido canguro en mi época de la facultad. Me he llevado fenomenal con los niños y he adorado a mi sobrina, que para mí es como la hija que no tuve y siempre estoy ahí para lo que necesite. No se es peor mujer por no ser madre. No hay que echarlo en cara nunca, aunque a mí no me hacen daño.En esta última etapa que ha vivido junto a Charly ha estado al pie del cañón. ¿Se aprende al cuidar?He aprendido muchísimo. Se me ha quitado un poco lo que llaman la fobia de la bata blanca. Ya no me mareo tanto, aunque lo de las agujas no lo llevo muy bien. He aprendido que una bacteria te puede destrozar la vida. Agradezco a todo el equipo del Hospital Virgen de América. Cuando estás tres meses en un hospital, te haces querer y siempre que ha vuelto nos han dado la misma habitación. Me dicen: “Vete a dormir”. Yo siempre tengo buena cara, pero que por una bacteria te quedes sin movilidad en las piernas y tengas que volver a andar... He cuidado gente en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo y sé perfectamente lo que es. En mis entrevistas siempre decía que lo que más temía era quedarme en una silla de ruedas y ahora lo estoy viviendo con mi marido. La actitud de Charly es maravillosa y somos una pareja; nos tenemos que ayudar. Habría que verme a mí al otro lado.¿Se ha sorprendido a sí misma al sacar las fuerzas para seguir adelante?No me lo digo yo, pero me lo dicen mis amigos. Dicen que el cuidador nunca puede caer en barrena. Cuando me acuesto es cuando me pongo a pensar. La cabecita, la cabecita. Voy a por dos libros diarios y te puedo recomendar las series que quieras.El bache llegó tras uno de los momentos más destacados de su trayectoria reciente: el regreso triunfal a Telecinco.Vine en septiembre de 2025, pero en enero ya me habían llamado. No lo sabía a nadie, pero es que yo era muy fiel a TVE. A mí me dio la vida que me llamaran y no consideraba volver después de que me hubiesen dado trabajo cuando estaba en barbecho. Aunque nunca estaba en barbecho, ¿eh? Hice Sálvese quien pueda en Netflix y me llamaron para MasterChef dos veces, pero no pude por mis dolores en la mano. Luego estaba en Mañaneros, que también iba vendada cuando me operaron del túnel carpiano. Pero hubo un día al salir del plató, cuando ya no estaba en Mañaneros y pasó lo de La familia de la tele, que dije: “Nunca más”.¿Por La familia de la tele?Sí. Es que fue un horror ese programa. Yo lo pasé fatal, no sabía a lo que iba. Aunque estuviera la gente de siempre, no era lo mismo.Siempre decía que lo que más temía era quedarme en una silla de ruedas y ahora lo estoy viviendo con mi maridoLydia LozanoLee tambiénImagino entonces que vivió con felicidad su entrada al plató de ¡De viernes!, después de todo.¡Volví con un subidón! Volver a ver a los cámaras, a los de producción, a los que llevan los cables, a maquillaje y peluquería, a las azafatas, a los del comedor… Era como si el tiempo no hubiera pasado, como decir: “Uf, he vuelto, ¡he vuelto!”. Es que en Telecinco llevo 25 años. Era volver a mi casa.Antes pasó por Ni que fuéramos Shh, un formato que le permitió estar más en contacto con las redes y las nuevas plataformas.Veías en directo todos los comentarios y la verdad es que eran muy positivos. Tenías un pantallón y escribían: “¡Este tema no nos interesa nada! ¡Cambiad de tema!”. La verdad es que era muy divertido, pero yo no tengo redes. Por ello he perdido muchísimo dinero, pero soy feliz porque ahí lo que tengo son un montón de clubs de fans que me han apoyado siempre. Soy una voyeur de las redes. Tengo la clave de una amiga mía, con la cual veo y controlo todo, pero nunca me han afectado los comentarios de “¿por qué no se jubila ya?”. ¡Porque no me da la gana mientras pueda!Las nuevas generaciones de periodistas, ¿deberían aprender algo de la vieja escuela?Los consejos, como dice mi hermana, en dólares. Yo ni doy consejos, ni me gusta que me los den. En las redes hay gente muy solitaria que pone verde a todo el mundo y nada les parece bien.Y a usted, ¿la soledad y el silencio le gustan?En casa tengo todas las teles encendidas, yo no puedo tener silencio en mi casa. Y si no, pongo música. Cuando Charly se va a dormir, le dejo la tele puesta. Te puedes dormir con la tele. Por eso gritábamos tanto en Sálvame, para que no se durmiese la gente. Me ponía a bailar ‘chumineros’ y la gente se despertaba.¿Cuál es el ingrediente principal para envejecer con alegría y estilo?No perder la sonrisa, pintarme los labios para ir a comprar el pan... A mí me ven siempre con mi colorete y mi barra de labios, y eso me da subidón. Yo quiero que Charly me siga viendo bien, con mis colorinchis. Voy a la farmacia y es: “Mira, ya ha llegado la alegría”. A todos sitios voy siempre con una sonrisa. Malos rollos ya tenemos muchos en el mundo y la vida hay que tomársela así, con buen rollo. Y en las redes está el mal rollo. El coronavirus nos trajo la comodidad de ir siempre en zapatillas —yo siempre voy con mis tacones— y la soledad de la gente. La gente, como no sale y no habla, se mete en las redes a poner de todo aunque lo hagas bien. Siempre hay una crítica y dices: “Ostras, la gente está muy amargada”.Lee también¿Qué le pide al futuro?Que Charly ande. Que vuelva a darse un duchazo, a coger su coche. Que vuelva a ir a por su periódico porque es un gran lector y que vuelva a ver una serie conmigo. Es lo único que pido.¿Y a la Lydia que empezaba en Tómbola, tampoco le daría un consejo?Ni a esa Lydia se lo daría. La sorpresa es maravillosa, sobre todo en un directo. A mí nunca me han gustado los grabados.
Lydia Lozano, periodista, 65 años: “No he tenido hijos porque no hemos querido; nunca hay que echarlo en cara, no me siento menos mujer”
La periodista, colaboradora de ‘¡De viernes!’ y uno de los rostros más magnéticos de la crónica social, reivindica la autenticidad del directo y la sonrisa como el mejor ingrediente para envejecer con alegría










