Cher se presentó en la reciente gala del Met con un discreto vestido negro de tul, cuero y pedrería, y con el pelo platino suelto (posiblemente peluca, como le gusta lucir en sus apariciones públicas). Mientras otras estrellas, como Madonna o Gracie Abrams, apostaban por atuendos fastuosos que referenciaban a artistas como Leonora Carrington o a Gustav Klimt, como pedía la temática de este año, Fashion is art, Cher iba de Cher, bromeando con los periodistas, con un conjunto de Burberry, negro, con un sutil toque gótico, algo poco habitual en una firma conocida por prendas más funcionales que creativas. Y a nadie le pareció mal su paso por una de las alfombras rojas más mediáticas del mundo. La cantante y actriz estadounidense goza de un estatus de diva que se encuentra por encima del bien y del mal; ya no necesitaba ser una de las más extravagantes de la noche, como lo ha sido durante seis décadas. Este miércoles, cuando celebra su 80º cumpleaños, más que repasar una carrera llena de grandes momentos que configuraron la historia del pop —como se ha hecho en mil ocasiones— merece la pena acercarse a la vida de la diva ahora. Especialmente en un momento en el que no para de recibir homenajes mientras se encuentra volcada en su familia, que vive momentos difíciles, hasta el punto de que, según publicaba The National Enquirer a principios de mayo, ahora mismo es su prioridad por encima de cualquier proyecto artístico. Un hijo en apuros y una nieta desconocida El hijo pequeño de Cher, Elijah Blue Allman, de 49 años, es la principal preocupación de la estrella. Fruto de su relación con el músico fallecido Gregg Allman, fundador de la banda The Allman Brothers Band, su hijo está ingresado en un hospital psiquiátrico tras haber sido arrestado en New Hampshire por cargos de robo y daños a la propiedad. Cher ha pedido su custodia legal en dos ocasiones, la última este mes de abril, alegando que es incapaz de manejar la asignación de casi 7.000 dólares (unos 6.000 euros) mensuales establecidos en la herencia de su padre, y que su salud mental se ha deteriorado significativamente por su adicción a las drogas. Ella ya había dejado de darle dinero unos años antes. El juez, sin embargo, ha denegado esa tutela provisional alegando que ya está recibiendo tratamiento en un centro. Pero deja la puerta abierta para que la artista pueda presentar de nuevo la petición de custodia en el futuro. Poco tiempo después de que Cher solicitara la custodia legal de su hijo, saltó a la prensa que Allman es padre de una niña de la que nunca se había encargado. Él alegaba que no se lo confesó a Cher hasta 2021 porque la cantante había expresado en varias ocasiones que no quería verse como abuela. Sin embargo, The Sun publicaba en abril que, tras la revelación, la cantante se había interesado por conocer a Ever, ahora de 15 años, fruto de una relación esporádica de Allman con Kayti Edwards, nieta política de la también cantante y actriz Julie Andrews. Relataba que habían pasado tiempo juntas en septiembre del año pasado: la joven y su madre estuvieron en la mansión de Cher en Malibú, donde la cantante les mostró su amplio vestidor —que está lleno de auténticas joyas de la moda—, jugaron en la piscina y mantuvieron la típica conversación abuela-nieta sobre estudios y chicos. Meses más tarde, le envió regalos por Navidad y por su cumpleaños. Cher hoy comparte su vida con su novio, el también californiano Alexander Edwards, de 40 años, y el hijo de este, Slash Electric, de seis, fruto de su relación con la modelo y actriz Amber Rose, a su vez expareja de los raperos Kanye West y Wiz Khalifa. Cher contaba a principios de año que está encantada con el pequeño. De hecho, aparece en los agradecimientos de la primera parte de la biografía de la cantante, Cher: memorias, parte uno, publicada en 2024. Slash también acompañó a la pareja en la ceremonia de ingreso en el Rock and Roll Hall of Fame, en 2024; uno de los muchos reconocimientos que ha recibido en los últimos años. Cosecha de homenajes a lo grande Las academias no han sido muy proclives a premiar a Cher. Ganó el Oscar a mejor actriz en 1988 por su papel en Hechizo de luna, pero, aparte de este reconocimiento, en sus primeros 40 años de carrera solo ha subido a recoger tres Globos de Oro y un Grammy, que le llegó por Believe en 2000, a los 54 años. Sin embargo, en la última década los reconocimientos no han dejado de sucederse. En 2017, Billboard, la publicación sobre música más importante de Estados Unidos, le entregó el Icon Award por su estatus de estrella intergeneracional. En 2018, fue galardonada con honores en el Centro Kennedy, el mayor reconocimiento cultural de Estados Unidos, mientras que en 2024 ingresó en el Rock and Roll Hall of Fame, lo que la sitúa al nivel de otras grandes figuras de la música como The Beatles, The Rolling Stones, David Bowie o Stevie Wonder. Pero, sin duda, uno de los mayores reconocimientos ha sido el Grammy a toda una carrera que recibió el pasado mes de enero, que resarce a la diva tras años de ausencia en sus principales categorías. Una distinción que la proclama como leyenda que ha definido y transformado el pop contemporáneo. La diva parecía entusiasmada por recibir el galardón y comenzó bromeando por ser premiada mientras sigue viva, porque, aunque tiene buenos genes, no cree que pueda durar mucho más. Ella bromea con la edad, pero todo parece indicar que tiene cuerda para rato, aunque ahora se toma la vida con más calma. Planea un nuevo álbum con música creada por Mark Taylor, el responsable de Believe, y Edwards, su pareja, que además de ejecutivo es productor. Ha asegurado que seguramente se trate de su último disco. Además, prepara la segunda parte de su biografía. En la primera, narraba su infancia y sus primeros años con Sonny Bono, su marido y pareja artística. En la segunda, probablemente ahonde en el convulso final de los setenta, en su incursión en el rock durante los ochenta —cuando escandalizó a la prensa por salir con hombres más jóvenes que ella, como Tom Cruise— o en el retorno al estrellato como diva dance a finales de los noventa. Una vida plena con altos y bajos, como mencionó en los Grammy, donde se presentó con un traje del diseñador español Luis de Javier: “Sabía lo que quería hacer a los cinco años, me hice famosa a los 19, tuve mi propio programa de éxito en la veintena, pero jamás pensé lo dura que podía ser mi vida. Estaba en lo más alto o en lo más bajo, o era una perdedora o la ganadora de un Oscar”, comentó en su discurso, tras el que tuvo un par de olvidos cómicos. Primero, se marchó sin anunciar los nominados en la categoría que le tocaba dar y, segundo, proclamó ganador del Grammy al disco del año al músico Luther Vandross, fallecido en 2005, cuando en realidad era para Kendrick Lamar y SZA por Luther, su disco homenaje al músico. Cher haciendo de Cher, como en la gala del Met, despreocupada y divertida. Pese a los problemas familiares, aún se puede esperar cualquier cosa de ella: un disco, una película o la vuelta a la extravagancia, como su aparición en el cierre del desfile de Balmain en 2022, en París, con un mono superentallado. Proclamar un “larga vida a Cher”, no se supondría una fivolidad o una locura a estas alturas.