Agentes del FBI y fiscales de California seguían indagando este martes qué llevó a dos adolescentes, de 17 y 18 años, a perpetrar un ataque armado contra el Centro Islámico de San Diego, la mezquita más grande del sur de California, donde mataron a tres personas antes de suicidarse.Horas antes del tiroteo, durante la mañana del lunes, la madre de uno de los pistoleros llamó a la policía para advertir que temía que su hijo, a quien describió como un adolescente con tendencias suicidas, había tomado tres de sus armas y su auto, quizás para perpetrar una masacre. Lo vio acompañado de otro joven, ambos vestidos con ropa de camuflaje. Como sospechaba, se dirigían a cometer una matanza. En el trayecto dispararon al azar contra un jardinero. La bala impactó en su casco, pero el hombre sobrevivió.Las autoridades investigan el caso como un posible crimen de odio. De acuerdo con la CNN, los detectives encontraron mensajes de contenido racista en una de las armas y una nota suicida con referencias al “orgullo racial”. Los atacantes se quitaron la vida dentro de un automóvil localizado a pocas cuadras del recinto religioso, según confirmó el jefe de la policía de San Diego, Scott Wahl. Sus identidades no han sido reveladas. Por ahora, las autoridades aseguran que no existía ninguna amenaza específica contra el Centro Islámico. En la nota suicida, dijo Wahl, encontraron “una amplia gama de temas”, aunque evitó ofrecer más detalles.El ataque ocurre además en un contexto de creciente tensión por la guerra que Estados Unidos e Israel mantienen contra Irán, en medio de un clima de polarización que ha encendido las alarmas entre comunidades musulmanas del país.El “mártir” de la mezquitaAmin Abdullah, el guardia de seguridad de la mezquita, murió intentando frenar a los dos adolescentes armados y, según las autoridades, evitó una tragedia aún mayor. “Sus acciones fueron heroicas”, declaró el jefe policial Wahl, durante una conferencia de prensa. “Sin duda alguna”, añadió, “salvó vidas”. Abdullah y dos fieles de la mezquita figuran entre las víctimas del tiroteo en el centro religioso, que también alberga una escuela a la que asisten decenas de niños. A las 11.41 de la mañana (hora local, nueve más en la España peninsular), llegaron los pistoleros a la mezquita y abrieron fuego. Abdullah era la principal protección del recinto. “Se interpuso entre los hombres armados y todas las personas que se encontraban en el interior. Esa misma tarde, la policía evacuó de manera segura a los maestros, al personal y a más de una docena de niños de aquel edificio, llevándolos de la mano. Están vivos gracias a que Amin cumplió con su deber. Pagó ese acto con su propia vida”, señala una campaña de recaudación publicada en la plataforma LaunchGood, que hasta este martes había reunido más de 1,6 millones de dólares para cubrir los gastos funerarios y apoyar económicamente a su familia.Los organizadores de la colecta, entre ellos el Centro Islámico y la filial de San Diego del Consejo de Relaciones Estadounidenses-Islámicas (CAIR), lo describen como un “mártir” y un hombre valiente. “No huyó. Se mantuvo firme en su puesto… No era un simple guardia, era quien daba la bienvenida a cualquiera que cruzara la puerta y la última línea de defensa en el momento en que más importaba”, se lee en la cuenta de LaunchGood.Abdullah dejó una viuda y ocho huérfanos. Era el principal sostén económico de su familia. Parte de los fondos recaudados, explicaron los organizadores, será destinada para cubrir las necesidades inmediatas (alimentos, el alquiler de su vivienda y servicios públicos), pero también para pagar la educación de sus hijos y para darles “estabilidad financiera a largo plazo”.Quienes lo conocieron recuerdan a un hombre corpulento y afable que saludaba a todos a la entrada de la mezquita. “Era querido por todos. Permanecía allí día tras día, siempre sonriente, dando la bienvenida a todo el mundo, recibiendo a los niños que acudían a la escuela”, declaró Tazheen Nizam, portavoz del CAIR de San Diego, a la BBC. “Era una luz resplandeciente”. En las fotografías difundidas en LaunchGood aparece con su equipo de seguridad: pistolas, cartuchos, cámara corporal, gas pimienta y chalecos antibalas con la leyenda “guardia de seguridad armado”. Llevaba más de una década protegiendo el centro islámico de San Diego. “Quería defender a los inocentes, por lo que decidió convertirse en guardia de seguridad”, dijo el jeque Uthman Ibn Farooq en declaraciones a la agencia AP.Las otras dos víctimas han sido identificadas como Mansour Kaziha y Nader Awad, ambos fieles de dicho centro religioso. Kaziha ayudaba en el mantenimiento de las instalaciones y en la tienda de conveniencia del recinto, mientras que la esposa de Awad impartía clases en la escuela ubicada dentro del complejo.