Muchos se preguntan: ¿beneficia o perjudica a algún partido o ideología una participación tan alta? Es difícil responderlo, sobre todo teniendo en cuenta los resultados (y las candidaturas) de las últimas elecciones. Hasta la primera década de los 2000, todos los estudios apuntaban en una misma dirección: las elecciones de cambio estaban caracterizadas por niveles de participación muy elevados, y en la misma medida, los procesos electorales con altas tasas de participación acababan con Gobiernos formados por partidos de izquierdas. No es una relación directa, pero sí existía cierta dirección. El notable incremento en la movilización de los electores andaluces rompe con la tendencia a la baja de los últimos años. Analistas políticos desmitifican la vieja máxima de que "a más voto, gana la izquierda" y apuntan a un escenario que refuerza el bipartidismo y castiga a los extremos. TE PUEDE INTERESAR La participación en Andalucía a las 18:00 es del 52,16%, 7 puntos más que en 2022 Miguel Ángel Gavilanes Luis Rodríguez Francisco París Unidad de Datos La jornada electoral en Andalucía ha dado un vuelco inesperado que mantiene a los cuarteles generales de todos los partidos con la calculadora en la mano. Tras un arranque titubeante por la mañana, los datos del segundo avance de participación a las 18:00 horas revelaron un incremento notable: un 52,16% de los votantes ya había ejercido su derecho, lo que supone una subida de más de siete puntos con respecto a los comicios de 2022. Este repunte saca a Andalucía del fantasma de la abstención histórica (que en 2022 rozó el 42%) y abre un debate clásico en la ciencia política española: ¿A quién beneficia realmente que las urnas se llenen? Durante décadas, la sociología electoral española operó bajo un axioma sagrado: una participación alta (especialmente por encima del 70% en clave nacional o en máximos históricos autonómicos) resucitaba el voto de las clases trabajadoras y de la periferia urbana, beneficiando tradicionalmente al bloque progresista, y en particular al PSOE. Los vuelcos históricos de las elecciones generales de 1982, 2004 o 2019 se construyeron sobre esta premisa. Sin embargo, los analistas coinciden en que el comportamiento del electorado ha mutado de forma estructural. Ya no se puede afirmar de forma categórica que la movilización masiva sea sinónimo de victoria para la izquierda. Según los últimos análisis demoscópicos de consultoras como GAD3, una mayor afluencia a los colegios electorales tiende, en el contexto actual, a engrosar los resultados de los dos grandes partidos mayoritarios en detrimento de las formaciones situadas en los extremos del espectro político. Muchos se preguntan: ¿beneficia o perjudica a algún partido o ideología una participación tan alta? Es difícil responderlo, sobre todo teniendo en cuenta los resultados (y las candidaturas) de las últimas elecciones. Hasta la primera década de los 2000, todos los estudios apuntaban en una misma dirección: las elecciones de cambio estaban caracterizadas por niveles de participación muy elevados, y en la misma medida, los procesos electorales con altas tasas de participación acababan con Gobiernos formados por partidos de izquierdas. No es una relación directa, pero sí existía cierta dirección.