156 personas, más de un centenar de ellas, niños, murieron en el ataque más mortífero de la guerra contra Irán y del que las investigaciones preliminares responsabilizan a misiles estadounidenses
Tres misiles Tomahawk estadounidenses cambiaron para siempre la vida de decenas de familias que en una mañana aparentemente normal de finales de febrero enviaron a sus hijos a la escuela Shajarah Tayyebeh en Minab, una ciudad del sur de Irán, próxima al golfo Pérsico. Aquel fue el ataque más mortífero de la guerra que, según las investigaciones preliminares, Estados Unidos lanzó contra el régimen de Teherán, en el que murieron 156 personas, más de un centenar de ellos, niños. Dos meses y medio después, la herida sigue abierta en Minab.
Esta semana, el mercado del jueves bullía, pero el trauma asoma en cada calle. Minab sigue empapelada con pancartas que recuerdan la masacre. Hay ceremonias y actos por toda la ciudad para que la memoria de las víctimas de la escuela permanezca. En todo el país, los iraníes han llorado la muerte de 3.469 personas, según la cifra más reciente reportada por la OMS, en una guerra que ha reforzado el vínculo nacional y el sentimiento patriótico. Pese al alto el fuego que dura ya más de un mes, en varias ciudades se siguen celebrando manifestaciones nocturnas a favor del Gobierno, con un mensaje de desafío contra el “enemigo”.








