En la historia argentina reciente, la batalla por llegar a la frontera de lo que los economistas llaman las “posibilidades de producción” cruza todos los gobiernos y sus programas de política económica. Con una mezcla de voluntarismo y soluciones mágicas, la apuesta es al crecimiento que permita eludir las restricciones presupuestarias. Pero ingresar en ese círculo virtuoso requiere un elemento clave: la inversión.
Fundamentos. El historial de fracasos de muchos planes que apostaba a alentar inversiones prometiendo lo que difícilmente ocurriría marcó la trayectoria de la variable “Inversiones” que medida en relación al PBI posiciona al país en los últimos puestos de las economías de desarrollo medio. Se estima que la inversión total en Argentina para 2025 fue de 16% del PBI, pero hubo años “flacos” en que fue más baja todavía (13% en algunos meses de crisis) que ni siquiera alcanza para la reposición de lo amortizado cada año. Es decir, que el stock total de capital si no pasa un umbral en el que se estuvo casi siempre al borde, corre riesgo de deteriorarse. Basta una mirada rápida sobre el sistema ferroviario interurbano para poder apreciar un buen ejemplo de esta “desinversión” constante.










