Nota beneLa relaci�n entre desconocidos se ha deteriorado hasta el punto de que su eliminaci�n se vive como un alivioUn robotaxi espera a un pasajero en Los Angeles.EfeActualizado Domingo,

mayo

00:11Audio generado con IAEn un reciente viaje a Estados Unidos he tenido ocasi�n de probar uno de esos robotaxis que ya circulan en algunas de sus ciudades. Una experiencia en absoluto suntuosa -si acaso el precio es algo m�s barato que el taxi conducido por un humano- que ten�a sin embargo algo de principesca, como ir en palanqu�n o litera flotante. Sin eludir el ocasional adelantamiento, ni olvidar el intermitente en cada giro, el coche navegaba por la cuadr�cula urbana con total suavidad. El hilo musical por defecto es mediocre, pero es f�cil dar con la banda sonora que te apetece escuchar, de Miles Davis a Rosal�a, una misa barroca o el puro silencio. O ver una pel�cula. La temperatura, graduable. Y bastar� que ChatGPT o Claude se integren en el sistema para que uno tenga de ch�fer a Leibniz. Por el lado de la seguridad, el debate est� zanjado: aunque debe probarse a�n en autopistas, en ciudad el coche aut�nomo, que ni se cansa ni se irrita ni se salta un ceda, ayuda a reducir los siniestros seg�n todas las estad�sticas. Salva vidas, pues, libera tiempo, y dentro de poco, conforme caiga el coste, ahorrar� dinero. As� las cosas, ser� dif�cil que el taxista no conozca el destino del ascensorista, al que nadie echa mucho de menos. Entonces, uno recuerda que el fil�sofo Peter Sloterdijk describe el autom�vil como un �tero con ruedas: una esfera port�til, climatizada, blindada contra la intemperie ontol�gica del mundo, que reproduce en movimiento el c�lido confort del primer espacio que habitamos. El robotaxi parece venir a redondear la met�fora, porque, eliminado el taxista, ya no tenemos que compartir el l�quido amni�tico con nadie m�s, aunque todos nos nutramos de la misma placenta digital. Por ah�, me entristeci� saber que en San Francisco o Los �ngeles no son pocas las mujeres que prefieren el veh�culo aut�nomo precisamente porque elimina el trato con un conductor desconocido que puede ser, o simplemente parecer, una amenaza. Algo similar ocurre, he le�do, entre usuarios de nombre jud�o si el conductor es �rabe en su aspecto. Desde el inicio de los tiempos la adopci�n de una nueva tecnolog�a se legitima socialmente por hacer la vida m�s c�moda. Pero en el caso de los robotaxis influye tambi�n otra raz�n menos amable: la relaci�n entre desconocidos se ha deteriorado hasta el punto de que su eliminaci�n se vive como un alivio. �Quia! Como un progreso. El �tero rodante y aut�nomo y sin grietas humanas es el veh�culo perfecto para atravesar un espacio com�n que ya no sabemos, o no nos apetece, compartir.