Tienen razón los políticos argentinos en acelerar la batalla por quién será el próximo presidente de la Nación. Hay una certeza: el próximo mandato que suceda al actual de Javier Milei tendrá un insumo básico de garantía de estabilidad financiera y cambiaria como nunca tuvo un jefe de Estado criollo. Quizá en su historia. Se trata de dólares. Que llegarían en una cantidad nunca vista, al menos en los últimos 100 años. Y se sabe: tener dólares es, como mínimo, la garantía de no sufrir corridas cambiarias y posteriores estallidos inflacionarios o hiperinflacionarios. Sólo eso ya es garantía de estabilidad. Hasta emocional. Después, obviamente, dependerá de un factor siempre complicado en el país: que la clase política aproveche la oportunidad y no la despilfarre. Dependerá de la elección popular de 2027. Los dólares llegarán en el próximo período presidencial desde dos fuentes concretas. El campo, al que siempre se le pide más pero que comenzará un proceso de sostenimiento de exportaciones entre los US$ 30.000 y los US$ 35.000 millones. Y Vaca Muerta, la gran esperanza de los políticos argentinos para garantizar estabilidad financiera y macroeconómica. Lo concreto es que el yacimiento neuquino –y algo mendocino– se encamina a convertirse entre 2027 y 2031 en el principal generador de divisas de la Argentina, con proyecciones de exportaciones energéticas que, según distintos escenarios de la industria, podrían ubicarse entre US$ 30.000 millones y US$ 50.000 millones anuales hacia el final de la década. El salto esperado se sostiene sobre cuatro pilares: expansión de la producción petrolera, exportación masiva de gas natural licuado (GNL), nuevos oleoductos y puertos y un esquema de inversiones extraordinario impulsado por el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y por el cambio regulatorio del sector energético. Sólo el viernes se anunciaron dos nuevas propuestas para el régimen. La de YPF, por unos US$ 25.000 millones, para acelerar la producción y exportación de petróleo en un proyecto denominado “LLL Oil”, que prevé un desarrollo constante durante 15 años con la perforación de 1.152 pozos y una producción objetivo de 240.000 barriles diarios hacia 2032. Se trata del mayor proyecto presentado al RIGI y el más grande programa exportador de petróleo de la historia argentina, con ingresos estimados en US$ 6.000 millones anuales una vez alcanzado el nivel máximo de productividad. Se cree que, de piso, este programa podría generar unos US$ 100.000 millones acumulados durante toda la vida útil del desarrollo. Para dimensionar el número, alcanzaría y sobraría para pagar los US$ 75.000 millones que se les deben a los bonistas privados que detentan deuda argentina voluntaria en mercados internacionales.