Aunque el hantavirus, según los epidemiólogos, es relativamente poco infeccioso y por tanto no presenta un riesgo pandémico, su aparición ha puesto a prueba la capacidad de reacción de las instituciones de salud pública de Estados Unidos. Una serie de agencias menguadas por los recortes presupuestarios y de personal, y por el golpe de timón en las prioridades del secretario de Salud, Robert Kennedy Jr. Como señala The New York Times, el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) tardó casi un mes en formar un equipo que gestionase los posibles riesgos del hantavirus. El operativo se creó un día antes de que varios de los estadounidenses que habían viajado en el crucero MV Hondius regresaran a EEUU para ser monitorizados. La noticia de su repatriación no provino del CDC, ni de otra agencia oficial, sino del portal de noticias médicas MedPage Today. La primera comparecencia del CDC se celebró el sábado 9 de mayo, pero fue por teléfono y a una serie de periodistas que necesitaron invitación. Según la agencia Associated Press, los reporteros no tuvieron permiso para revelar la identidad de las personas del CDC que los informaron sobre la gestión del hantavirus. Una explicación de la lenta respuesta es la falta de comunicación entre el CDC y la Organización Mundial de la Salud (OMS), que, gracias a la obligación de sus 194 países miembros de compartir las novedades sobre los brotes, está al corriente de las crisis. Desde el 22 de enero de 2026, sin embargo, EEUU ya no forma parte de la OMS y por tanto no tiene acceso a estas informaciones de última hora. Varios especialistas, citados por AP, han comparado la respuesta al brote de hantavirus en el MV Hondius con la reacción al brote de covid en el crucero Diamond Princess, en 2020, una de las primeras eclosiones que se registraron fuera de China. En aquel entonces el CDC mandó un equipo al puerto japonés donde estaba atracado el barco, "ayudó a evacuar a pasajeros estadounidenses, gestionó cuarentenas, compartió datos genéticos sobre el virus, se coordinó con la OMS y Japón, ofreció ruedas de prensa y publicó informes con rapidez". "El CDC no forma parte de ese contacto habitual" dijo al Times el Dr. Daniel Jernigan, antiguo director del Centro de Enfermedades Infecciosas Emergentes, una rama del CDC, en referencia a las relaciones entre EEUU y la OMS. "Y, por consiguiente, cuando surge algún acontecimiento, no recibimos esa llamada de inmediato (...). Lo ideal es mantener un diálogo continuo". El Dr. Daniel Jernigan abandonó su puesto el pasado agosto como protesta por el cambio en las prácticas del CDC. Durante una entrevista en la radio pública NPR, Jernigan aseguró que en la agencia siempre habían seguido "enfoques basados en la evidencia" para poder tomar decisiones. Pero, "a lo largo de las últimas semanas y meses", continuó, "se nos ha presentado un proceso en el que no logramos discernir de qué manera se están empleando métodos científicos ni cómo se están haciendo las cosas tal como exige la buena ciencia". La otra razón por la que estos expertos consideran que el CDC dio una respuesta insuficiente tiene que ver con los recortes públicos. Nada más asumió el cargo Donald Trump, su administración ordenó eliminar un centenar de iniciativas sanitarias de todo tipo, desde las relacionadas con la inmunización a las que previenen enfermedades cardiovasculares, ayudan a los drogodependientes o tratan el sida y el VIH. Un reportaje de NPR describió cómo los gerentes de toda una red de organizaciones de salud pública recibieron un correo electrónico anunciando que la financiación se acababa en ese momento: "Tu programa ya no está alineado con la agenda de la administración". 2.000 programas serían afectados. El hecho de que un número incalculable de personas vulnerables fueron arrojadas, de la noche a la mañana, a un limbo, provocó una movilización inmediata por parte tanto de demócratas como de republicanos. Las presiones surtieron efecto. Cuarenta y ocho horas después de recibir este email por parte del Departamento de Salud, en el que no se ha revelado quién dio la orden, la financiación fue restablecida. En mayo de 2025, la Administración Trump desveló su intención de reducir un 26% el presupuesto del Departamento de Salud: entre otras partidas, los fondos del CDC bajarían un 53% y los del National Institute of Health, que representa el músculo de la investigación científica en EEUU, un 40%. Unas 20.000 personas perderían su empleo. Pero el Congreso, nuevamente en un esfuerzo bipartito, se negó a plasmar estas reducciones en la ley presupuestaria de febrero de 2026. Aun así, el secretario de Salud, Robert Kennedy Jr., que rechaza la etiqueta de "antivacunas" y reivindica la de "pro-seguridad", ha desmantelado buena parte de las estructuras de estas agencias públicas. Sobre todo las que tienen que ver con la inmunización. Su departamento ha reducido de 17 a 11 las enfermedades protegidas por vacunas rutinarias, ha despedido a todos los miembros (17) del comité de expertos que asesoran en las prácticas de inmunización y los ha reemplazado por escépticos; ha bloqueado estudios relativos a las vacunas y ha liquidado parte de su financiación. Dado que nueve de cada diez estadounidenses, según diferentes encuestas, creen que las vacunas son esenciales para la salud pública, y estamos en año de elecciones, la Casa Blanca ha persuadido a Kennedy para que no hable de ellas. Pero los cambios continúan: el secretario de Salud ha ordenado una investigación para averiguar si las vacunas son las "principales culpables" de determinadas enfermedades, como el asma y el autismo; un argumento que Kennedy ha mantenido desde hace años, pese a la falta de evidencias científicas. En el momento de escribir estas líneas, 16 pasajeros estadounidenses del crucero están siendo observados en el centro de cuarentena de la Universidad de Nebraska: el único de EEUU que tiene financiación federal. Cada uno está en una habitación sellada y con su propia ventilación. El único pasajero que ha dado positivo de hantavirus está en una unidad de biocontención. Otros dos, uno de ellos con síntomas, están en el Emory University Hospital, en Atlanta. El brote de hantavirus ha sido descrito como "incendio de una alarma"; es decir, limitado. Pero, como dice a Axios Michael Osterholm, director del Centro de Investigación y Política de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Minnesota: "Algún día, cuando veamos propagarse al próximo gran patógeno pandémico, requeriremos la intervención de 20 camiones de bomberos", declaró. "En este momento, me apenaría mucho que la audiencia se marchara con la sensación de que: oh, ya lo tienen controlado. Lo que haya sucedido, ya sucedió, y han logrado dominar la situación. Eso, sencillamente, no es cierto". Aunque el hantavirus, según los epidemiólogos, es relativamente poco infeccioso y por tanto no presenta un riesgo pandémico, su aparición ha puesto a prueba la capacidad de reacción de las instituciones de salud pública de Estados Unidos. Una serie de agencias menguadas por los recortes presupuestarios y de personal, y por el golpe de timón en las prioridades del secretario de Salud, Robert Kennedy Jr.
El hantavirus saca a la luz los trapos más sucios de la salud pública en EEUU
Desde el 22 de enero de 2026, EEUU ya no forma parte de la OMS y por tanto no tiene acceso a informaciones de última hora











