El futbol guatemalteco corre por las venas de los hermanos Calderón desde antes de que aprendieran a caminar. Raúl Calderón y César Calderón prácticamente nacieron con un balón bajo el brazo, herederos de una pasión que les transmitió su padre, Raúl Fernando Calderón, destacado exfutbolista guatemalteco que no solo marcó su camino en el deporte, sino también su formación como persona.
Desde pequeños, la vida de los hermanos Calderón giró alrededor de una cancha. Mientras otros niños jugaban por diversión, ellos crecieron respirando futbol, como parte natural de su rutina. Su padre fue mucho más que un guía: maestro, consejero y el primer entrenador que moldeó su carácter. Les enseñó que antes de sobresalir en una cancha, debían hacerlo en la vida diaria, con disciplina, humildad y trabajo constante.
El destino quiso que sus primeros pasos importantes los dieran juntos en Aurora FC, bajo la dirección de ese mismo padre que los vio crecer soñando despiertos. Compartieron camerino, entrenamientos, viajes y largas charlas de regreso a casa. Fueron años que fortalecieron una hermandad inquebrantable y dejaron recuerdos imborrables.
“Fue una de las etapas más lindas de nuestras carreras. Viajábamos juntos, entrenábamos juntos y crecimos mucho como hermanos. Después, cada uno tomó su rumbo, pero seguimos unidos. Siempre hablamos y estamos pendientes del otro”, refiere César Calderón, hoy de 31 años.















