En 1939, en Newcastle (Reino Unido), John Gregg puso en marcha un pequeño servicio de reparto de panadería al que llamó Greggs, suministrando pan fresco y huevos a las familias mineras de la zona. En los años setenta, comenzó a adquirir pequeñas panaderías por todo el norte de Inglaterra, construyendo poco a poco una marca nacional. Al mismo tiempo, pero en el extremo opuesto del país, en Londres, Tim Martin abría el primer Wetherspoon con la idea de crear un imperio de grandes pubs con bebida barata. En los noventa, Wetherspoon empezó a comprar y transformar antiguos bancos, estaciones de bomberos, oficinas de correos y cines en pubs llenos de personalidad.Hoy, Wetherspoon es una de las mayores cadenas de pubs del país y Greggs, la panadería más grande del Reino Unido. Ambas han moldeado la alimentación británica contemporánea a través de la eficiencia del mercado de masas y de trasladar ese ahorro directamente al consumidor. Y este año comparten otro punto en común: su desembarco en España, concretamente en los aeropuertos de Alicante y Tenerife Sur.En la prensa británica, esta expansión se celebra como comida de casa lejos de casa: un sabor familiar durante las vacaciones, igual que el fish and chips más antiguo de Benidorm. Pero en España, la noticia ha pasado prácticamente desapercibida.En el aeropuerto de Tenerife Sur, Greggs abrirá este mes en la zona internacional de salidas, apuntando a un flujo de 13 millones de pasajeros anuales, muchos de ellos británicos. Allí podrán comprar cheese pasties (empanadillas de queso), sausage rolls (hojaldre relleno de salchicha), custard creams (galletas rellenas de crema de vainilla) y una amplia variedad de sándwiches recién hechos. Aunque habrá una incorporación nueva y peculiar en el menú: el “Spanish Omelette Roll”. Imaginen una tortilla de patatas dentro de un panini para desayunar. No es precisamente tradicional, pero seguro que triunfa entre el público británico.Mientras tanto, en el aeropuerto de Alicante-Elche Miguel Hernández, Wetherspoon ya atiende a los pasajeros. La cadena abrió allí a comienzos de este año su primer local internacional haciendo exactamente lo que mejor sabe hacer: servir pintas baratas y clásicos británicos que siempre funcionan como fish and chips, Sunday roast y té y café ilimitados, al lado de platos tradicionales españoles como gambas al ajillo y tortilla de patatas. Pero, en realidad, ambas marcas están respondiendo a una misma demanda creciente en la hostelería aeroportuaria: comida reconocible y asequible.En los últimos años, la crisis del coste de vida ha transformado profundamente nuestra manera de comer y de gastar. Entre 2022 y 2023, la inflación alimentaria se disparó impulsada por el aumento de los costes energéticos y las tensiones en las cadenas de suministro. Y aunque la inflación se haya moderado, los precios de los alimentos siguen siendo altos. En el Reino Unido, cadenas económicas como Greggs o Wetherspoon se han convertido en la opción habitual para un almuerzo rápido o una cena fuera de casa.Pero el sector hostelero británico también ha sufrido por otro frente: la caída del gasto de los consumidores. Los restaurantes independientes, en particular, han atravesado enormes dificultades, provocando un goteo constante de cierres y favoreciendo a las grandes cadenas, capaces de absorber mejor la volatilidad del mercado. La expansión de marcas centradas en el precio como Greggs y Wetherspoon refleja precisamente eso, y no sorprende que esa demanda haya acompañado también a los británicos en sus vacaciones en España.España, por supuesto, ya cuenta con sus propias versiones de estas cadenas, como Rodilla o 100 Montaditos, que desde hace años ocupan ese espacio intermedio entre accesibilidad y omnipresencia. Pero la llegada de las marcas británicas a los aeropuertos españoles no busca sustituirlas, sino competir con las cadenas estadounidenses de comida rápida que dominan desde hace tiempo las zonas de embarque.Y la magnitud del fenómeno es considerable. España recibió más de 19 millones de visitantes procedentes del Reino Unido en 2025, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), lo que convierte a los viajeros británicos en uno de los grupos turísticos más importantes del país. Eso convierte a aeropuertos como Alicante y Tenerife Sur en piezas clave de esta historia, y también en pioneros: ambas cadenas sugieren que esto es solo el comienzo de su expansión en España, con la apertura prevista de más panaderías y restaurantes aquí en un futuro próximo.Sin embargo, centrarse únicamente en el turista británico sería perder de vista otra parte de esta oportunidad gastronómica. Los pasajeros españoles también representan una parte importante del tráfico aeroportuario y viajan bajo las mismas condiciones de aumento de precios y falta de tiempo. Quizá este sea el momento de empezar a pensar más seriamente en la cultura gastronómica de los aeropuertos y preguntarnos por qué no se toma más en serio en todo el mundo, teniendo en cuenta la enorme cantidad de horas que pasamos en ellos sin mucho más que hacer que comer.Los aeropuertos rara vez se consideran lugares de descubrimiento culinario, pero se está produciendo un cambio silencioso. La comida del aeropuerto se está convirtiendo en una de las expresiones más claras de cómo viajan las culturas. Así que la próxima vez que pasen por Tenerife o Alicante, quizá merezca la pena probar el cheese pasty de Greggs o un Sunday roast de Wetherspoon y dejar que las vacaciones se alarguen un poco más a través de una pequeña aventura gastronómica.
La cadena de panaderías Greggs, la más grande del Reino Unido, inaugura tienda en Tenerife, su primera apertura internacional en dos décadas
Desde unos comienzos modestos hasta su llegada a las costas españolas, dos marcas de alimentación británicas ofrecen ahora un sabor hogareño a los viajeros del Reino Unido, al tiempo que brindan a la clientela española la oportunidad de descubrir comidas completamente nuevas







