El dominio de Hungría en la década de 1950, con una selección liderada por Ferenc Puskás, marcó una época dorada en el fútbol mundial.
Sin embargo, aquel equipo se quedó a las puertas de hacer historia perfecta en el Mundial de Suiza 1954. Sus 27 goles —récord hasta hoy— reflejaron un poder ofensivo descomunal, pero no fueron suficientes para evitar la derrota en la final ante Alemania.
Esa cifra de 27 anotaciones en apenas cinco partidos representa un promedio de 5.4 goles por encuentro, un registro que hoy parece inalcanzable. En su momento, definió el estilo del equipo dirigido por Gusztáv Sebes, que dominaba y arrasaba a sus rivales.
Su paso por el torneo fue contundente: goleó 9-0 a Corea del Sur y 8-3 a Alemania en la fase de grupos, resultados propios de otra época que alimentaban la ilusión de un título seguro.
Pero ocurrió lo inesperado. El llamado “Milagro de Berna” frenó a la poderosa Hungría en la final. Alemania se impuso 3-2 y dejó aquel récord como símbolo de una gloria que nunca se completó.










