La mayoría de los estudios de opinión pública están mostrando que los niveles de aprobación de la gestión presidencial son los más bajos registrados hasta ahora. Es la combinación de la situación económica de las familias y las sospechas de corrupción y conductas consideradas poco éticas el combo que explica la caída. El gobierno registró el fenómeno y como respuesta decidió abroquelarse en defensa de Adorni, culpar a kirchneristas y periodistas por el clima social y salir a respaldar fuertemente el modelo económico. Milei revierte la lógica por la cual los funcionarios deben ser el escudo detrás del que se protege un presidente, y decidió ponerse él mismo como escudo. El objetivo básico: lograr que los decepcionados vuelvan a creer en él.

Construyó así un andamiaje discursivo buscando demostrar que su modelo funciona, que lo peor ya pasó y que quienes dicen lo contrario son kirchneristas, periodistas ensobrados o directamente ignorantes. En su ofuscación discursiva utilizó una frase que se volvió viral y que resume con precisión el abismo entre el discurso oficial y la realidad que viven millones de argentinos. Milei preguntó: “¿Vieron que ahora todo el mundo come huevos? ¿A alguien se le ocurrió ponerle mermelada al huevo? Están mandando a la quiebra a los productores de mermelada”. El argumento simple es que si la gente consume distinto, no es que consume menos, sino que cambió sus hábitos. Un modo de ocultar el derrumbe del consumo masivo a través de una tostada.