En medio de las turbiedades de la política interior y exterior se ha desatado una sana polémica en torno a la defensa del patrimonio artístico de la nación. Después de 18 años de ausencia, una de las colecciones Gelman se exhibe en el Museo de Arte Moderno (MAM) con éxito inusitado.Jacques y Natasha Gelman se conocieron y casaron en México en 1941. Él produjo 39 películas de Cantinflas e hizo una gran fortuna; ello les permitió crear tres extraordinarias colecciones de arte.Mencionaré brevemente dos de ellas, para poner en contexto el análisis de la de arte mexicano moderno, envuelta en una controversia que debe ser aclarada puntualmente por las partes involucradas y resuelta con sensatez y respeto al patrimonio cultural de México, de acuerdo con las leyes que lo protegen.La primera colección de los Gelman está conformada por ochenta y un obras realizadas por treinta grandes maestros europeos del siglo XX, especialmente de la Escuela de París, entre los que destacan: Bonnard, Braque, Léger, Dalí, Dubuffet, Klee, Matisse, Miró y Picasso. El excelso acervo fue donado (bequeathed) por los Gelman al Metropolitan Museum of Art de Nueva York tras la muerte de Natascha, en 1998, y se exhibe en una sala permanente que lleva el nombre de los coleccionistas.Al legado artístico se sumó un fideicomiso (endowment) para financiar a perpetuidad el mantenimiento de la colección. Al momento de recibirlo, el acervo obsequiado por los Gelman representó el mayor recibido por el Metropolitan hasta esa fecha. (Metropolitan Museum of Art, Modern Art Index Project)Este es un caso paradigmático del mecenazgo contemporáneo; en él confluyen tres elementos fundamentales: El rigor y la generosidad de los coleccionistas, la seriedad y prestigio de la institución museística, así como la absoluta confianza entre ambos.De la segunda colección, consagrada al arte precolombino, se sabe muy poco y no se habla de ella. Desconocemos su contenido y su paradero; no hay información acera del número de piezas que la conforman, ni de sus características y procedencia.En una entrevista realizada en 1991, Natasha Gelman narró su interés por la escultura prehispánica y sus viajes frecuentes “a zonas arqueológicas, a la selva lacandona, a todos lados” para comprar piezas que no eran del gusto de su marido quien le pedía que las guardara en la lavandería. Un día, mientras Jacques filmaba una película, Natasha decidió construir una casa en Acapulco y diseñar “una sala muy grande, toda pintada de azul añil, con puros nichos iluminados con focos amarillos” para colocar ahí sus esculturas precolombinas. Invitado a una fiesta, el gran museógrafo Fernando Gamboa vio las obras y, sorprendido, le dijo a su anfitrión: “Pero Jacques, nunca me dijiste que coleccionabas arte prehispánico, ¡y mira nomás qué piezas, qué bárbaro!” (Silvia Navarrete, “Natasha Gelman…”, Milenio, 20/03/2026).Es inexplicable que el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), que siempre ha sido celoso guardián del legado prehispánico, no haya informado nada acerca de este acervo. ¿Por qué lo oculta? La ley obliga al propietario de una obra precolombina a informarlo al Instituto. ¿No lo hizo la coleccionista por temor a que le expropiaran el acervo? (Sé de primera fuente que el presidente Luis Echeverría intentó sin éxito expropiar la colección de Jacqueline y Josué Sáenz, hoy exhibida en el Museo Amparo de Puebla).En cualquier caso, es inconcebible que el INAH no se haya enterado de su existencia y que hasta la fecha no haya informado nada al respecto. Se trata de otro de los misterios sin resolver o de los secretos mejor guardados de la intrincada historia de las colecciones Gelman y personas que las rodean.EL ARTE DE OCULTARLa opacidad es precisamente la causa que dio lugar a la controversia en torno a la tercera colección de los Gelman, hoy llamada Gelman Santander, compuesta por 160 obras fundamentales del arte moderno mexicano. En el MAM se exhiben 68; de ellas 27 cuentan con Declaratoria de Monumento Artístico. Eso significa que dichas piezas están sujetas a una serie de condiciones para salir de México de manera temporal, previa autorización escrita del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBAL), conforme a lo establecido en la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos (LFMZAAH).Las ambigüedades, ocultamientos y contradicciones de la información emitida por las autoridades culturales mexicanas, así como por funcionarios de Banca Santander han propiciado justificadas dudas, suspicacias y reclamos de la comunidad cultural. Por su precisión y apasionada defensa del patrimonio artístico, los análisis de Adriana Malvido publicados en El Universal han llevado la voz cantante del debate. Me sumo a su entusiasmo crítico.Apenas a principios de este año nos hemos enterado de que la colección Gelman fue comprada por la familia Zambrano de Monterrey en 2023. La noticia no la dieron las autoridades culturales sino un comunicado publicado por la Fundación Santander (FS) el 21 de enero de 2026. También se informa que dicha fundación ‘gestionará’ la colección, de acuerdo con los nuevos dueños del acervo.Asimismo, FS informa que la colección Gelman Santander será exhibida en el Centro Cultural El Faro (CCEF), próximo a inaugurase en el edificio Pereda de la capital de Cantabria, sede del consorcio financiero desde 1923, que ha sido renovado por el arquitecto David Chipperfield, Premio Pritzker 2023. El Faro albergará también la Colección Banco Santander que incluye más de mil obras de pintura, escultura, dibujo y artes decorativas que abarcan desde el siglo III a. C. hasta el presente. Ambas colecciones serán el atractivo principal del CCEF.
Las colecciones Gelman | Texto por Héctor Tajonar
Jacques y Natasha Gelman se conocieron y casaron en México en 1941. Él produjo 39 películas de Cantinflas e hizo una gran fortuna; ello les permitió crear tres extraordinarias colecciones de arte.







