Mariano Guindal
He leído que una ola de rechazo se cierne sobre Canarias a raíz de la llegada del buque afectado por el hantavirus. En realidad, podría interpretarse como una corriente internacional de antipatía provocada por el intento del presidente canario, Fernando Clavijo, de impedir que el crucero Hondius fondeara en aguas de Tenerife e impedir a sus 150 pasajeros bajar a tierra para ser atendidos clínicamente o repatriados a sus respectivos países.
A este hecho se suma el rechazo que una parte de la población canaria ha mostrado ante la llegada masiva de inmigrantes. El eslogan “los canarios primero” gana fuerza, al igual que las campañas de turismofobia provocadas por la saturación que esta industria está generando en las llamadas islas afortunadas. Todo ello está perjudicando seriamente la imagen de Canarias y podría acabar afectando a su economía. No hay que olvidar que el archipiélago vive del turismo y que los visitantes buscan paz y tranquilidad.
Hasta cierto punto, es comprensible la resistencia de Clavijo a permitir el desembarco de los pasajeros del crucero afectado. No se trata solo del temor de una parte de la población a una posible
epidemia, como ocurrió con el coronavirus, cuyo primer caso detectado en España se registró en estas tierras en un pasajero en tránsito.












