El brote de hantavirus detectado en el crucero MV Hondius, que ya se cobró tres víctimas fatales, puso en alerta a la comunidad sanitaria internacional y despertó sorpresa por uno de los aspectos más extremos del operativo sanitario: los 42 días de aislamiento exigidos a los afectados. Este lapso supera ampliamente los 14 días estipulados en su momento para el COVID-19, los 21 días del Ebola o los 10 días del SARS, recuperando el sentido más estricto del concepto histórico de "cuarentena". La explicación científica detrás de este periodo tan prolongado radica en el comportamiento biológico del virus. A partir de lo que explica el inmunólogo Alfredo Corell, catedrático de la Universidad de Sevilla, el periodo de incubación del hantavirus —específicamente la variante Andes que afectó a los pasajeros— es extremadamente variable. El tiempo que transcurre desde el contagio hasta la aparición de los primeros síntomas puede oscilar entre una y seis semanas. Así, esta ventana de contención es la que garantiza que ninguna persona que porte el virus de forma asintomática termine propagando la enfermedad, una vez finalizada la vigilancia.

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