El Gobierno belga rechaza las acusaciones de antisemitismo del embajador estadounidense, Bill White, y el ministro de Exteriores israelí, Gideon Saar

El Gobierno belga se ha vuelto a enzarzar en una disputa diplomática pública con Estados Unidos e Israel por la injerencia de estos países en lo que Bruselas considera un caso judicial interno y Washington y Tel Aviv califican de una muestra más de antisemitismo en Europa: la decisión de la Fiscalía de Amberes de proponer que se impute a dos mohelim (expertos judíos en el brit milah, la circuncisión ritual) por haber realizado esta práctica de forma ilegal.

La acción de la Fiscalía, basada en que en Bélgica esta práctica requiere tener una licencia médica para practicar circuncisiones de la que los imputados carecían, ha sido rápidamente criticada por el embajador estadounidense, Bill White, quien en un mensaje en X la calificó de “mancha vergonzosa” para el país europeo y exigió al Gobierno de Bart De Wever a que “actúe ya” para revertir una acción judicial “injusta”.

Uno de los acusados, ha revelado White, es de origen estadounidense. Desde la misma plataforma y en similares términos se expresó el ministro de Exteriores israelí, Gideon Saar, que la definió como una “letra escarlata” —símbolo de estigma o vergüenza— de la sociedad belga.