Pocos minutos antes de la cinco de la tarde de este miércoles, la puerta de una sala en el tanatorio de La Paz en Alcobendas, a las afueras de Madrid, se cerró en un sencillo y último adiós a Soledad Gallego-Díaz. El aplauso de la concurrencia, nutrida de varias generaciones de compañeros de oficio de la periodista que se convirtió en la primera mujer en dirigir EL PAÍS y ha fallecido en la noche de este martes a los 75 años, puso el punto y final a la jornada. Fue un aplauso cálido, sin demorarse en exceso, que recibieron los familiares y amigos de Gallego-Díaz, junto a los que estaba su íntimo compañero de oficio, el también exdirector de este periódico Joaquín Estefanía. Él aguantó el tipo todo el día mientras recibía el abrazo de varias generaciones de periodistas que vinieron a despedir a quien “ha sido nuestro referente”. Esa fue la expresión más repetida cuando el abrazo a Estefanía acababa convertido en una sucesión de abrazos entre colegas que se daban el pésame los unos a los otros por la pérdida. “Hemos venido a abrazarnos a nosotros mismos”, se escuchó en muchas ocasiones. Tras el intenso y sobrio aplauso final al filo de las cinco de la tarde, Xavier Vidal-Folch, otro integrante del “falansterio utópico asentado sobre el oficio de periodista” que comparten veteranos camaradas de EL PAÍS, alzó la voz: “Como ella hubiera querido, ya nos veremos y diremos todo lo que haya que decir”. Y acto seguido, José Antonio Martínez Soler aclaró que tenía una última cosa que decir: “¡Era la jefa, que quede claro!”. Además de ser directora, Gallego-Díaz ha trabajado con todos los directores que ha tenido EL PAÍS. Juan Luis Cebrián, Jesús Ceberio y Pepa Bueno vinieron a dar un último adiós, así como Javier Moreno —para quien ella fue su “maestra real” y alguien que “es como uno de esos primeros amores”— y el actual director del periódico, Jan Martínez Ahrens: “Encarnaba los valores de EL PAÍS. Ha sido querida y respetada por toda la Redacción. Deja un vacío muy difícil de llenar, pero queda su memoria y maestría de la que muchos hemos aprendido a lo largo de estos años”. Para Joaquín Estefanía, que relevó a Cebrián como primer director del diario, ella ha sido su compañera profesional desde hace 40 años. Gallego-Díaz fue su adjunta cuando a él lo nombraron director, y cuando ella fue propuesta para el mismo cargo en 2018 le pidió a Estefanía que fuera su adjunto. Él asegura tener que afrontar ahora un “trauma”. Y añade: “No sé cómo sobrevive una pareja cuando desaparece uno de los dos”. Hacia el mediodía llegó al tanatorio el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Y dijo que “hoy despedimos a una de las grandes figuras del periodismo español”. Sánchez añadió que “no solo ha sido referente para los periodistas y las periodistas de su generación, sino de muchísimas generaciones aquí presentes; desde luego, era una mujer respetada, valorada, admirada, querida, y por tanto nosotros lo único que podemos hacer es trasladar el pésame a la familia, a todos los trabajadores y las trabajadoras del Grupo Prisa, tanto de la Cadena Ser como singularmente del diario EL PAÍS, y decirles que les acompañamos en el sentimiento porque es una gran pérdida para el periodismo, para el análisis de lo que está sucediendo no solo en la política y en la sociedad española, sino también europea e internacional”. El Gobierno también estuvo representado por la ministra de Igualdad, Ana Redondo, quien señaló a Gallego-Díaz como “referente para muchas mujeres y muchas demócratas en la lucha por la libertad cuando nos la jugábamos en este país”. Y añadió que fue “radicalmente feminista”. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a su llegada al tanatorio de Tres Cantos (Madrid).Jaime VillanuevaEl director de EL PAÍS, Jan Martínez Ahrens, a su llegada a la capilla ardiente de Soledad Gallego-Díaz.Santi Burgos Desde la izquierda, José Luis Gómez Mosquera, director gerente de EL PAÍS; Vanessa Hernández, directora general de operaciones en Prisa Media; Pilar Gil, vicepresidenta de Prisa y consejera delegada de Prisa Media; Jorge Rivera, director corporativo y de Relaciones Institucionales de Prisa, y Paloma Bravo, directora corporativa de presidencia y comunicación de Prisa.Jaime VillanuevaJesús Ceberio, exdirector del diario EL PAÍS, junto a su esposa, Victoria Belaza, llegan a la capilla ardiente de Soledad Gallego-Díaz.Jaime VillanuevaJoaquín Estefanía, exdirector del diario EL PAÍS, acompañado de su hija periodista, Carlota E. Ramírez, a su salida del tanatorio.Santi Burgos Javier Moreno, director de la Escuela de Periodismo UAM-EL PAÍS, a su llegada al tanatorio. Santi Burgos Juan Luis Cebrián, periodista y editor, fundador de EL PAÍS, junto a la redactora del periódico Belén Domínguez Cebrián.Jaime VillanuevaPepa Bueno, periodista y exdirectora de EL PAÍS.Jaime VillanuevaLa ministra de Igualdad, Ana Redondo, tras visitar el tanatorio.Santi Burgos El director del diario 'El Mundo', Joaquín Manso, llega a la capilla ardiente.Jaime Villanueva El exministro y actual presidente del Real Patronato del Museo del Prado, Javier Solana.Jaime VillanuevaEl director del Instituto Cervantes, Luis García Montero.Jaime VillanuevaEl Defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo, llega a la capilla ardiente de Soledad Gallego-Díaz.Santi Burgos Manuel Polanco (a la derecha), vocal del Consejo de Administración del Grupo Prisa, e Ignacio Polanco, llegan al tanatorio.Jaime VillanuevaEl periodista y director de 'Hora 25', Aimar Bretos, a su llegada al tanatorio.Jaime VillanuevaMaruja Torres y Elvira Lindo, escritoras y colaboradoras del diario EL PAÍS, a su salida de la capilla ardiente.Jaime VillanuevaLa periodista Montserrat Domínguez.Jaime VillanuevaTomás de la Quadra-Salcedo, presidente del Consejo de Estado entre 1985 y 1991.Jaime VillanuevaCompromiso desde la juventudEl jurista Tomás de la Quadra Salcedo, que fue ministro en los gobiernos de Felipe González —quien envió una carta “a los amigos y familiares” de Gallego Díaz donde muestra su “pésame y profundo pesar”—, recordó haberla conocido al llevar la defensa legal de la periodista cuando en su juventud la despidieron de la agencia Pyresa por hacer huelga junto a Bonifacio de la Cuadra, otro compañero de vida y oficio. El jurista De la Quadra Salcedo ganó el caso contra ambos y hoy apunta que ella “siempre ha sido un ejemplo de persona, y después de periodista informada, ponderada y rigurosa hasta el final”. Para Javier Solana, otro político de largo recorrido, “ha muerto una gran amiga, una mujer de carácter e inteligencia extraordinarias”. Luis García Montero, poeta y director del Instituto Cervantes, la conoció cuando estuvo al mando de EL PAÍS en Andalucía en los noventa y ella le llamó para empezar a colaborar. García Montero ve en su figura “un ejemplo de periodista en los tiempos que vivimos”. También estuvieron amigas y camaradas como Maruja Torres, Rosa Montero, Nativel Preciado, Elvira Lindo, Karmentxu Marín… Maruja Torres apuntó que Gallego-Díaz “la primera en muchas cosas siempre fue, y sin embargo no se daba aires”. Y añadió que “fue una gran defensora de la causa feminista sin gritar”. Karmentxu Marín afirmó que “ha sido “nuestro referente y una mujer que ha tenido muchos arrestos y ha sabido salir adelante, y eso es una lección para todos y para todas”. Hubo presencia de muchos de los más veteranos de EL PAÍS como Marisa Flórez, Ángeles García, Julia Luzán, Francisco Basterra, Daniel Gavela, Luis R. Aizpeolea, José María Izquierdo, Juan Cruz… Y también de otras generaciones como las de Anabel Díez, Miguel González, Enric González, Javier Casqueiro, Vicente Jiménez, Berna González Harbour, Luz Sánchez-Mellado, Carlos Castro, Mábel Galaz, Maite Nieto, Jesús Duva, Rosario G. Gómez, Gabriela Cañas, José Andrés Rojo, Javier Rivas, Elsa Granda, Soledad Alcaide, Xosé Hermida, Claudi Pérez, Pablo Ordaz, Joseba Elola, Antonio Jiménez Barca, Bernardo Marín, Pablo Guimón, Amaya Iríbar, Patricia Gosálvez, Andrea Aguilar, José Marcos, Natalia Junquera, J. J. Gálvez… A Carlos E. Cué, hoy cronista político del periódico, lo primero que se le ocurrió tras llamar a su familia cuando le enviaron años atrás como corresponsal a Buenos Aires fue hablar con Soledad Gallego-Díaz. Ella le dijo que para él se trataba de una noticia buenísima y se lo iba a pasar muy bien, pero “para el periódico iba a ser un despropósito”. Rosi Rodríguez Loranca, que ejerció como secretaria en EL PAÍS desde su fundación, de la que acaban de cumplirse 50 años, dijo sobre ella: “Escribía las cosas difíciles de forma que las entendiéramos la gente corriente”. Respeto de medios propios y ajenosEstuvo buena parte de la dirección de EL PAÍS, que compartió pesar con Pilar Gil, la consejera delegada de Prisa Media (editora de EL PAÍS), así como con Jaume Serra, director general de Radio y Negocio Audiovisual de Prisa, y con Fran Llorente, director de contenidos de la Cadena SER. Aimar Bretos vino también, todavía emocionado desde su despedida la noche anterior en antena de quien colaboró en el espacio Punto y 25 de la Hora 25 de la Ser que dirige y presenta. Bretos afirmó: “Ha sido una persona tan especial, no solo como periodista… La seguimos queriendo muchísimo”. Su respeto también mostraron compañeros de otros medios como Ignacio Escolar, director de eldiario.es; el director de El Mundo, Joaquín Manso; periodistas como Lucía Méndez, Antonio Rubio y Fernando Garea; el consejero delegado de Vocento, Manuel Mirat… Semanas atrás, Soledad Gallego-Díaz recibió el último premio de una larga lista de reconocimientos por su trayectoria. Fue el galardón a la Ética Periodista organizado por la Federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE). Durante aquella velada en la capital que también reunió a varias generaciones de periodistas en torno a ella, la premiada recordó que “este oficio exige un compromiso inmediato, desde que se empieza”. También dijo que para un periodista hacer lo que uno quiere es muy difícil por la disciplina que impera en una redacción, pero siempre puede negarse a ir contra los principios fundamentales del oficio. En un cuaderno de condolencias del tanatorio, un sobrino de Soledad Gallego-Díaz dejó escrito hoy: “No hiciste todo lo que quisiste, pero jamás hiciste lo que no quisiste”. A las cinco de la tarde, tras cerrarse la puerta en el Tanatorio de La Paz, la Redacción de EL PAÍS guardó un minuto de silencio. Sonó el timbre de la reunión de primera y el periódico siguió su curso para cumplir con su obligación de informar, como Soledad Gallego-Díaz ha hecho hasta el final.