La acumulación de cambios estructurales, sucesos inesperados, azar e ignorancia dificulta enormemente la anticipación de lo que está por llegar
Es posible que les haya llegado la noticia de que EL PAÍS celebra su 50º aniversario. Enhorabuena por ello. Como yo era un niño repelente, empecé a leerlo desde el primer día; siempre estaba en mi casa. Y ya cogí el hábito. No voy a endilgarles otro artículo nostálgico al respecto. Más bien, quisiera aprovechar la ocasión para reflexionar brevemente sobre algunas ideas que fueron populares e influyentes en algún momento de los últimos 50 años, pero que, con el paso del tiempo, se demostraron equi...
vocadas. Es un ejercicio de sano escepticismo, pues nos previene frente al exceso de confianza en nuestro propio conocimiento de la realidad social.
El mecanismo detrás de estos fallos es siempre el mismo y puede resumirse de forma muy breve. Para entender el presente, estudiamos el pasado, tratamos de encontrar explicaciones de cómo hemos llegado a un cierto punto y luego proyectamos las tendencias pasadas hacia el futuro. Esas anticipaciones del porvenir son poco más que conocimiento inductivo: como algo ha funcionado hasta el momento, suponemos que lo seguirá haciendo después. Sin embargo, a veces el mundo cambia de formas que no podíamos anticipar. Así ocurre cuando se alteran las tendencias del pasado que utilizamos para imaginar lo que vendrá. La consecuencia es que fracasamos con mucha frecuencia en nuestros pronósticos.






