Cuando se van a cumplir diez años de la muerte del artista, más testimonios salen a la luz sobre una labor filantrópica y secreta que ayudó tanto a organizaciones como a personas anónimas que necesitaban dinero para su salud o sus estudios

Un día cualquiera en Londres a mediados de los noventa. George Michael (1963-2016) acude a un restaurante en compañía de la maquilladora Sali Hughes, hoy escritora y columnista de belleza en el diario The Guardian. Michael y Hughes tienen una breve conversación con la camarera que atiende su mesa, una joven qu...

e, según les explica, está haciendo horas extras para costearse los estudios de enfermería.

Cuando llega la hora de pagar la cuenta, el cantante insiste en dejarle a la chica una propina de 5.000 libras, lo que hoy vendrían a ser 5.800 euros y por entonces, de acuerdo a la inflación, equivaldría a más del doble. Hughes, hija de un sindicalista galés, pide permiso para contar la historia, tal vez con el argumento de que este acto de generosidad espontánea debería divulgarse para que cunda el ejemplo. Michael le responde que prefiere que estas cosas no se sepan.

La periodista hizo referencia a la propina de 5.000 libras en un artículo publicado años después, pero atribuyéndola a “un famoso con el que trabajé cuando era muy joven”. Solo citó a Michael después de que el artista de East Finchley, Londres, falleciese de un infarto el 25 de diciembre de 2016, hace ahora algo menos de diez años. Las redes se llenaron de homenajes póstumos al autor de I Want Your Sex, con frecuentes referencias a los numerosos actos de filantropía pública y privada que realizó en vida. Hughes quiso contribuir con su anécdota, rematada por la frase “era un verdadero mensch” (en yidis, el idioma de la diáspora judía, “un hombre íntegro”).