El anuncio de Gustavo Petro y Delcy Rodríguez de activar de forma “inmediata” el intercambio de inteligencia es una señal contra un narco desbocado que amenaza los intereses de Washington
Era una reunión bilateral, pero un tercer país estaba muy atento a lo que allí se anunciaba. El encuentro de este viernes en Caracas entre la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, y el presidente colombiano, Gustavo Petro, se selló con un anuncio importante: los dos países elaborarán planes militares conjuntos y abrirán mecanismos para compartir información de inteligencia de forma “inmediata”. Se trata de un hito en materia de seguridad, porque, a pesar de ser vecinos, Bogotá y Caracas llevaban décadas sin compartir información, aseguran fuentes militares. Está por ver cómo se lleva al terreno esta declaración de intenciones, pero el anuncio manda un mensaje en dos direcciones: por un lado, a los grupos criminales y, por otro, a Donald Trump, que necesita una Venezuela estable y segura para continuar con sus planes.
La cooperación bilateral tiene dos enemigos claros: la Segunda Marquetalia, una de las disidencias de las extintas FARC, y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), un grupo guerrillero de más de 60 años. Ambas bandas armadas tienen origen colombiano, pero se mueven y delinquen indistintamente en ambos países. Su guerra ha sembrado el terror en la frontera y sus tentáculos han copado no solo el narcotráfico transnacional, sino el negocio de la minería ilegal, un sector que ahora es especialmente estratégico para Trump. “¿Qué inversionista extranjero va a llegar a estas zonas dominadas por estos señores?”, se pregunta una fuente diplomática. “Ninguno”.







