Azteca Zapato, un proyecto de un grupo de socios mexicanos, busca ensalzar la cultura prehispánica a través de una gama de tenis con nombres

Pedro Solís (Petatlán, Guerrero, 45 años) camina apresurado por Avenida Paseo de la Reforma con unas zapatillas de fútbol inéditas. Los colores de la bandera mexicana resaltan, pero brilla más el logotipo: un competidor del milenario juego de pelota mesoamericana. En los pies, el exjugador de los Pumas tiene una serpiente de obsidiana, es decir, a

title="https://verne.elpais.com/verne/2020/08/25/mexico/1598333153_336305.html" data-link-track-dtm="">Itzcóatl, uno de los grandes gobernantes de Tenochtitlan. Esos botines, que honran parte de la cultura mexicana, son parte de una misión comparable con una batalla entre un guerrero contra una deidad.

Azteca Zapato es una empresa que se fundó en 2025 gracias a una plática entre Solís y uno de sus socios, Víctor Alejandro Neri, un amante de los estudios prehispánicos. De hablar de las viejas memorias de jugar en un equipo del sindicato del IMSS terminaron por echar a andar una empresa que quería dejar una huella en el fútbol mexicano. “Me gusta porque el zapato tiene historia, historias que nos ligan como mexicanos. Empezamos de la nada, de decir: ‘¡Órale, va! ¡Échale!“, cuenta Solís. El diseñador Johan, es su hijo. Al proyecto ha sumado a varios socios, entre ellos Ismael Íñiguez (Ocotlán, Jalisco, 45 años), mítico jugador de los Pumas, donde ganó tres veces la Liga.