Madrid (EFE).- «No encuentro gente que quiera trabajar en la castaña», ha asegurado contundente el productor cacereño Jorge Bermejo, uno de los pequeños empresarios agrícolas que ven con buenos ojos el proceso de regularización extraordinario de inmigrantes.

El sector agrario, donde casi cuatro de cada diez afiliados es de origen de extranjero, es una de las ramas de actividad que están acogiendo este proceso con esperanza, la de contar con mano de obra con papeles y disponible, sobre todo para los picos de demanda por las campañas.

En Navaconcejo, Bermejo cuenta con explotaciones de cerezas y castañas, en la que «los españoles no quieren trabajar», sobre todo la castaña, porque argumentan «que es muy duro y quieren trabajar sin cansarse», ha señalado.

Y es que aunque las cuadrillas de personas foráneas son ya un denominador común en España, las dificultades para hallar personas disponibles suponía un «estrés», ha reconocido a EFE.

En su caso, aunque para la recolección de cereza resuelve con el apoyo de familiares cercanos, la pasada campaña sí tuvo dificultades para la recogida de castañas, que se prolonga durante dos meses y medio y para la que requiere entre seis y ocho personas.