La asociación PrevenSI recibió el año pasado 885 contactos por casos de personas que sienten atracción por menores
Los límites entre la pedofilia (atracción sexual recurrente hacia niños o adolescentes) y la pederastia (el acto cometido por un adulto sobre un menor) son claros, pero en ocasiones esa frontera se rompe y los efectos son devastadores. La psicóloga Laia Calabuig trabaja a diario para evitarlo. Atiende mensajes y llamadas de personas que en algún momento se han sentido atraídas por menores de edad desde PrevenSI, una asociación con sede en Barcelona que ofrece un servicio de prevención del abuso sexual infantil centrado en individuos que sufren esa fascinación. “Tengo miedo ...
de ser un pedófilo”, dicen quienes piden ayuda, conscientes de que algo falla. El año pasado llegaron a la organización, desde España y de países latinoamericanos (el país con más visitas a la web es México), 885 consultas.
“Nuestra perspectiva no es buenista, es de efectividad”, sostiene Núria Iturbe, responsable del área de Investigación Social de Intress, una de las entidades impulsoras de PrevenSI. Argumenta su pragmatismo: “Intervenir de forma temprana puede evitar entre cuatro y siete víctimas de violencia sexual infantil no detectadas por cada una que sí detecta el sistema”.






