La nueva IP de Capcom se revela como uno de los títulos más sólidos y refrescantes del curso
Si hace unos días hablábamos de la broma que la compañía japones Capcom hacía a cuenta de la posible pertenencia de su nuevo juego, Pragmata, al universo Mega Man, una vez que el juego ha salido hay que reconocer que es de todo menos una broma: Pragmata es uno de los grandes juegos del año, una novedad excepcionalmente refrescante y una obra solidísima en lo narrativo que sabe innova...
r en lo mecánico. Un juego imprescindible, vaya.
El juego presenta una historia ambientada en un futuro cercano en el que la humanidad enfrenta una crisis tecnológica en una estación lunar (aparentemente) abandonada, en la que un astronauta (Hugh Williams) y a una misteriosa niña androide (Diana) deben unirse para ver qué ha salido mal y detener un mal que amenaza a la Tierra. Y lo primero que hay que señalar es que el diseño de enemigos y personajes es estupendo, pero palidece frente al gran hallazgo arquitectónico del juego: su diseño de niveles. No son demasiados (porque, como bien nos ha acostumbrado Capcom, el juego no es demasiado largo) pero son perfectos: de los entornos más tecnológicos a los más naturales o urbanos (gran parte de la trama gira en torno a la tecnología que replica lugares de la Tierra en la Luna), el espacio escénico funciona como un reloj.







