El técnico estadounidense ha encumbrado al conjunto ‘txuri-urdin’ apenas cuatro meses después de su llegada con la conquista de la Copa del Rey ante el Atlético gracias a un estilo sobrio y las ideas claras

En un fútbol que suele vivir del ruido, de los gestos exagerados y de los entrenadores que ocupan tanto espacio como sus propios equipos, Pellegrino Matarazzo ha hecho exactamente lo contrario en la Real Sociedad: reducir el volumen. Desde que aterrizó en San Sebastián, el técnico nacido en Nueva Jersey ha impuesto una manera de liderar que se apoya más en la calma que en el espectáculo. Y en pocos meses ha cambiado el clima del equipo y la percepción que lo rodea. Tanto lo ha hecho que las dudas y el ambiente enrarecido del arranque de temporada han dado paso a la felicidad absoluta, traducida en la consecución de un nuevo título de Copa.

Cuando llegó a San Sebastián en diciembre lo hizo sin grandes focos. Para muchos era un técnico casi desconocido en el contexto de LaLiga, un perfil más asociado al fútbol alemán que al ecosistema emocional de Anoeta. Pero lo que encontró al llegar, y lo que él mismo reconoce haber descubierto, encajó con su forma de entender el fútbol. “Este lugar es especial”, suele repetir cuando se le pregunta por su adaptación. “La Real es un club muy emocional. Hablamos mucho de eso y vivimos aquí muy fuerte el fútbol. Para mí hay una cierta pureza en las emociones”, no se cansa de repetir.