El grupo textil, que batió su récord de ingresos el pasado ejercicio, aborda su expansión internacional con cautela para mantener bajo control su deuda

Cuando abrió su primera tienda hace 20 años, la compañía gallega Bimba y Lola no solo tomó prestado el nombre de las galgas de sus fundadoras, también su naturaleza veloz. Inauguraron más de 40 tiendas en apenas un año y no tardaron mucho más en salir al exterior. Estas dos decisiones tempranas marcaron el devenir de una marca que, dice José Manuel Martínez, su director ejecutivo, no es una pequeña que crece, sino una grande en construcción. Tras años de incremento de las ventas a doble dígito y a las puertas de la adolescencia, decidieron no finalizar un proceso de apertura de capital, lo que les permitió afrontar el futuro y la crisis de la covid-19 con sus propios medios. Con cada zancada...

, Bimba y Lola fue ganando posiciones, no sin obstáculos, en la industria textil. Fruto de este crecimiento, en 2025 alcanzó su facturación récord.

“Ha sido un año un poco de estabilización”, dice Martínez por videollamada sobre un ejercicio, que finalizó el pasado febrero, en el que la marca ingresó más de 250 millones de euros, un 7% más. La compañía venía de cerrar en 2024 un periodo de inversión que incrementó su deuda más de lo deseado, así que en 2025 echaron el freno y se enfocaron en reducirla hasta niveles en los que vuelven a sentirse cómodos. “Si hubiéramos hecho expansión, probablemente hubiéramos crecido a doble dígito”, asegura el director ejecutivo en referencia al crecimiento en términos comparables, o like for like, en todos los mercados y canales. Actualmente, la marca cuenta con 321 tiendas entre propias y franquicias, 11 más que el ejercicio anterior.