El ‘thriller’ emula a los trabajos de Sidney Lumet, especialmente a ‘Tarde de perros’, con la que hasta comparte actor: Al Pacino
Entre los cineastas con un estilo propio, reconocible y singular, y los cineastas sin estilo, o con estilo invisible, capaces de centrarse únicamente en la historia, rehusando cualquier detalle formal que despiste del fondo, se sitúa una figura fascinante: el director capaz de tener todos los estilos; el suyo, ninguno, y el de todos los demás, según convenga. El estadounidense Gus Van Sant es uno de ellos....
Veterano de 73 años, nacido como autor independiente en los márgenes de la vanguardia y el underground, pero capaz de llevar hasta la excelencia producciones de Hollywood, Van Sant acumula ya 40 temporadas de carrera en el largometraje desde su debut con Mala noche (1985). Y ahora, tras siete años sin película, desde la discreta No te preocupes, no llegará lejos a pie, regresa con un ejercicio de estilo que homenajea (y emula) el cine de los años setenta, particularmente el de Sidney Lumet, en una historia con no pocos paralelismos con Tarde de perros (1975), entre ellos, la presencia de Al Pacino, aunque en un papel radicalmente opuesto a aquel.
Prime Crime: A True Story (Dead Man’s Wire, El alambre del hombre muerto es su título original, en un juego de palabras con dead man’s switch, un interruptor con el que una persona muere si suelta el control) parte, como la fantástica película de Lumet protagonizada por Pacino y John Cazale, de un hecho real. Convierte a su delincuente protagonista en una figura social, en un disidente que comete su fechoría como respuesta a las salvajadas del sistema, a las injusticias contra la gente digna y noble de la calle. Y en ambos títulos la ingenuidad de los personajes domina en un universo económico, político, social, ético, periodístico y policial que no solo los acogota, sino que responde a sus envites con aún más violencia. Ahora bien, la diferencia entre una y otra es meridiana: la de Lumet era una película auténtica en sus formas, casi documentales en las secuencias de exterior, y un producto de su tiempo en su reivindicación de los derechos civiles, mientras la de Van Sant es pura emulación retrospectiva. Por momentos, espectacular, pero emulación al fin.






