David B. convierte al señor Búho en un Virgilio que acompaña a una joven con miedo a su sombra en su descenso al más allá

La joven Marie vive espantada por su sombra, que, díscola como la de Peter Pan, la ataca y muerde en cuanto la luz la ilumina, obligándola a moverse entre la oscuridad. El dibujo barroco y expresionista de David B. toma ese punto de partida para que su blanco y negro vuelva a explorar el simbolismo de esos contrastes, alimentados de referencias africanas y asiáticas hasta el horror vacui, para seguir los caminos de

rel="" title="https://elpais.com/noticias/dante-alighieri/" data-link-track-dtm="">Dante y bajar a los infiernos acompañados de una particular criatura que vive entre el mundo de los vivos y los muertos, el señor Búho.

De la mano de este particular Virgilio aficionado a la fiesta, Marie deberá enfrentarse a sus miedos para poder comprender las razones de la rebeldía de su sombra, entrando en un mundo de los muertos donde hace tiempo que la muerte no se deja ver, mientras las ciudades se acumulan y mutan sin sentido aunque el tiempo haya dejado de correr por sus calles. Fallecidos que muchas veces no saben que expiraron ya, que siguen repitiendo una y otra vez sus rutinas, como proyecciones deformadas de la realidad cotidiana de los vivos, pero también como potentes metáforas de ese existir por el que transitamos de forma automática, fingiendo que comemos alimentos que no degustamos, que dormimos mientras el insomnio invade nuestra mente y los pensamientos nos alejan del mundo del sueño. El reino de los muertos que dibuja el creador de la magistral Epiléptico no se aleja de lo que vemos a nuestro alrededor cada día.