Está bien que la ciencia y la técnica no se olviden de la poesía. Cuando lo hacen, se olvidan también de la dignidad humana y se dedican a matar, explotar y hacer negocios sin pudor
La poeta ultraísta Lucía Sánchez Saornil nos dijo en 1920 que los cines cobijan la Luna bajo sus alas. Y es que el cuello de un cisne parece un signo de interrogación, una pregunta en la noche sobre el sentido de la Tierra, sobre la vida y la muerte, según nos recordó también
17449.html" data-link-track-dtm="">el poeta norteamericano Walt Whitman. Una misión de la NASA llegó estos días a rebasar las alturas de la Luna, y la astronauta Christina Koch miró hacia la Tierra para sentir que la Luna está en el corazón de cada uno de nosotros. Y el corazón nos dice que pertenecemos a la Tierra. Nuestro planeta, que nos ha dado todo lo que somos, es el único que puede darnos lo que necesitamos. Está bien que la ciencia y la técnica no se olviden de la poesía. Cuando lo hacen, se olvidan también de la dignidad humana y se dedican a matar, explotar y hacer negocios sin pudor.
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