El activo estrella de la industria de la belleza se vende en suplementos, cosméticos y tratamientos que prometen retrasar el envejecimiento. Pero a medida que crece el negocio, aumenta el debate sobre su eficacia

Está en todas partes: en los lineales de los supermercados, farmacias, grandes almacenes y tiendas de cosmética de nicho. Se vende en cápsulas, polvos, gominolas, bebidas, mascarillas, ampollas, parches, sérums o cremas, acompañado de promesas que van desde mejorar la elasticidad de la piel o las articulaciones hasta retrasar los signos del envejecimiento. Cualquier experta en belleza sabe que, desde hace más de quince años, un mantra se repite en cada lanzamiento: casi todo ‘estimula la producción de colágeno’.

Esta proteína, convertida en una auténtica mina de oro para el sector, genera un negocio millonario. Según un informe de Grand View Research, el mercado global del colágeno alcanzó 10.376 millones de dólares en 2024 y podría llegar a 26.213 millones de dólares en 2033, con un crecimiento anual cercano al 11 % impulsado por el auge de suplementos y cosméticos.

El interés también crece entre los consumidores. Según Spate, la plataforma que analiza las tendencias en redes, el colágeno es el ingrediente de cuidado facial más buscado en internet, con 20,6 millones de búsquedas y un crecimiento interanual del 25,2 %, por delante de otros activos cosméticos. Además, el colágeno ya no se percibe solo como un ingrediente antienvejecimiento, sino como un activo asociado a la búsqueda de una piel más firme, hidratada y luminosa, incluso entre consumidores de la generación Z. El concepto de ‘beauty from within’ (belleza desde dentro) ha impulsado el consumo de suplementos con colágeno, un mercado que ya supera los 2.000 millones de dólares.