Los investigadores creen que eran sus testaferros. Ellos lo niegan y aseguran que se limitaron a ayudar a los suyos
Dos estilos muy distintos pero una misma misión: salvar al acusado. Víctor Ábalos y Joseba García no estaban llamados a ser los protagonistas de la jornada (y no lo han sido), pero han tenido su cuota de pantalla. Sentados en una silla, delante del tribunal de siete magistrados que juzga a su padre y a su hermano por las presunta...
s corruptelas en torno a la compra de mascarillas en plena pandemia, han intentado convencer a sus señorías de que no eran sus testaferros. “Yo no soy el custodio del dinero de nadie”, ha dicho airadamente el primogénito del exministro de Transportes José Luis Ábalos.
El testigo ha optado por una actitud seria, la propia de quien toma la palabra en el Salón de Plenos del Supremo, forrado de rojo sangre. Quizá acusaba el cansancio de tener que levantarse a las 3 de la mañana para acudir directamente desde Valencia, donde vive. Y casi pierde el tren a la altura de Cuenca, según ha contado. Con ese rictus, que acompañaba una indumentaria oscura, casi de luto, ha relatado que todos sus ingresos procedían de su trabajo como consultor, principalmente en Colombia, donde asesoraba en la internacionalización de empresas hasta que estalló el caso Koldo y su facturación cayó “de la noche a la mañana”. Desde entonces ―ha lamentado― hasta ha tenido que hacer algunos platós para pagar la hipoteca y los gastos del economato de su padre.






