Eliminan el cloro, las impurezas y la cal del agua, reduciendo el riesgo de enfermedades y potenciando su sabor. Además, son una alternativa sostenible
¿Hay veces que el agua te sabe raro? Aunque el agua que llega a nuestros hogares es tratada para eliminar los productos químicos, partículas y bacterias que puede haber en ella, cuando sale del grifo todavía contiene algunos metales y agentes químicos como el cloro que pueden tener un efecto perjudicial para la salud y afectar a su sabor. Para evitar que esto ocurra existen las jarras filtradoras, una de las mejores opciones para mejorar la calidad de los líquidos que ingerimos y que utilizamos para cocinar.
Su funcionamiento es sencillo: el agua pasa por un cartucho filtrante incluido dentro de la jarra, que contiene materiales granulares que retienen compuestos no deseados, hasta llenar el depósito inferior de agua limpia. Además, este tipo de jarras tienen claros beneficios para el medio ambiente: reducen significativamente la compra de botellas y garrafas de plástico en el hogar.
Vivo en Madrid, por lo que el sabor del agua del grifo nunca ha sido un problema. No obstante, y aunque ‘sabe bien’, puede contener multitud de sustancias imperceptibles a la vista y al olfato que entran en nuestro organismo. Por esta razón, me animé a probar las jarras filtrantes, ya que son económicas y muy sencillas de utilizar. Durante las pruebas sí noté cambios en el sabor del agua e, incluso, parecía que estaba más limpia y fresca. Para probarlas y valorarlas, he tenido en cuenta las siguientes características:






